Posteado por: vidagrata | 21 febrero, 2010

Hacia una cultura alimenticia.

 

HACIA UNA CULTURA ALIMENTICIA

 Como ya lo habíamos definido en el contenido inicial, el propósito que anima el desarrollo de esta bitácora, no es otro que el de incursionar en todos aquellos temas que a nuestro criterio, pudieran constituirse en un aporte para la consecución de una vida de mayor calidad, una vida realmente grata en todo el sentido de lo que esta palabra comporta y que de todos modos está relacionada con esos tres pilares esenciales como son, la salud de nuestro cuerpo, la serenidad de nuestra mente y la plenitud de ese componente interior, al que normalmente llamamos alma y que tanto dimensiona la vida dentro de ese insondable contexto universal. Aunque no existe una jerarquía que pudiéramos considerar adecuada en cuanto a la prioridad en el tratamiento de estos temas, por una razón de sentido común, creemos que la mente y el alma poco podrían avanzar, en tanto el cuerpo no se encuentre en alguna medida depurado y libre de los frecuentes y reiterados hábitos erráticos que acompañan nuestro sistema alimenticio, pues en honor a la verdad, orgánicamente somos el producto y resultado de lo que comemos, así como de la forma en que lo hacemos. Nuestra cultura convencional ha concebido una educación en la que se otorga toda prioridad a las disciplinas académicas, cuando en realidad, el hombre en su proceso de formación, una vez que ha adquirido en su infancia los elementos básicos que le permiten expresarse y encauzar su aprendizaje, bien debería indagar ante todo sobre la conformación y comportamiento de su organismo, así como sobre la forma de gobernarlo a través de la voluntad y el conocimiento. Infortunadamente la juventud es muy proclive a la insensatez y la falta de previsión, cuando realmente debería esmerarse por sembrar en el cuerpo la fortaleza y las reservas vitales que le permitan cosechar un estado saludable en la edad adulta y también en la senectud. Es muy triste ver a tantas personas que atravesando apenas por una edad meridiana en su ciclo existencial, permanecen agobiados constantemente por severos trastornos en su salud, sin duda derivados de un comportamiento nutricional en el que siempre prevalecieron el desorden y los excesos, así como por la ausencia de información acerca de las infinitas bondades que nos proporcionan los alimentos que tan generosamente nos prodiga la naturaleza. Muy dramático resulta por decir lo menos, ver a tantos niños famélicos que no tuvieron la oportunidad de consolidar su organismo a través de una alimentación adecuada, pero también y en abierto contraste, no menos dramático es el cuadro que nos presentan otros niños alimentados con una dieta exuberante y que apenas comenzando su vida, ya enfrentan trastornos como la obesidad y la terrible diabetes. Si en la juventud no se afianza una cultura alimentaria y un conocimiento sobre la conformación y comportamiento de nuestro organismo, muy difícil será conocer la plenitud en la vida adulta y menos aún en los años dorados. Desde muy temprano comenzamos a acumular grasas saturadas y toda suerte de toxinas en nuestro cuerpo, iniciando una lamentable carrera hacia la atrofia del sistema circulatorio, del aparato digestivo, de la estructura ósea, del sistema nervioso y en general de todo el sistema endocrino que gobierna las secreciones al interior de nuestro cuerpo. Los análisis practicados a muchas personas después de fallecidas, tristemente permiten ver cómo el 90% de ellas llegaron al ocaso de su vida con el sistema cardiovascular bastante atrofiado, como consecuencia de una a dieta impregnada de radicales libres y toda suerte de agentes nocivos. El consumo permanente de esas grasas saturadas que no se disuelven con la temperatura del organismo y que tampoco fueron eliminadas a través del sistema digestivo, por efecto de una deficiente o casi inexistente ingestión de fibra natural, con el tiempo esos lípidos lograron permear el intestino para situarse en la pared interior de las arterias, así como en el torrente sanguíneo, pero convertidos entonces en peligrosos ácidos grasos que ostentan el preocupante nombre de triglicéridos, los que en una forma persistente van atrofiando a través del sistema circulatorio, todos los órganos que visitan en su funesto recorrido. Ciertamente tendremos la oportunidad en próximas inserciones para profundizar y apreciar más de cerca todo ese proceso devastador que las grasas saturadas ejercen al interior de nuestro cuerpo, especialmente cuando no poseemos una actitud selectiva y ordenada en el consumo de los alimentos. Por supuesto también hablaremos de otros agentes no menos perversos como el azúcar refinado y de otros tantos excipientes, colorantes y aditivos artificiales con los que la afanosa industria alimenticia decora y condimenta sus productos, abrigándolos en sugestivos empaques publicitarios. Todos los días uno observa con mucha perplejidad, cómo las personas ingieren alimentos nocivos para su salud y aunque muchas veces lo hacen por falta de conocimiento, peor aún resultan quienes estando concientes del efecto perjudicial, pasan por alto el peligro y sucumben ante el deleite que les proporciona un sabor agradable. Ellos nunca distinguen lo sabroso de lo saludable y así sus yerros alimenticios se convierten en una actitud permanente. Resaltamos entonces aquí la urgente necesidad de adquirir y adoptar una cultura alimentaria saludable, amante de los alimentos solares que germinan en la huerta y de los frutos que decoran los árboles, pues ahí permanecen ellos muy dispuestos a brindarnos la energía y la vitalidad que requiere nuestro cuerpo, a través de las benefactoras vitaminas, los restauradores minerales, las edificantes proteínas, las colaboradoras enzimas, los depurativos fitonutrientes y los diligentes neurotransmisores, todos ellos trabajando en forma mancomunada y coordinada para favorecer nuestra salud. Es a través de una sana alimentación como podemos generar un entorno alcalino en nuestro sistema digestivo, en el cual los gérmenes patógenos no encuentran un ambiente agradable para vivir, en tanto que los entornos ácidos que se derivan de los alimentos insanos, ciertamente constituyen el mejor albergue y caldo de cultivo para toda clase de infecciones y procesos degenerativos. Más adelante buscaremos el espacio para referirnos a tres aspectos cruciales relativos al manejo del colesterol. El primero de ellos orientado hacia la urgente necesidad de reemplazar las grasas nocivas por grasas saludables en nuestra rutina alimenticia. El segundo aspecto se refiere a la importancia de frenar o detener el proceso de formación del colesterol en el aparato intestinal, a través de una generosa y regular ingestión de fibra natural, con la cual resulte posible evacuar de nuestro organismo los excedentes alimenticios que el cuerpo ya no necesita y que normalmente comienzan a presentar un estado de fermentación y putrefacción. El tercero tiene que ver con una manera muy inocua y natural, con la cual podemos limpiar el colesterol de las arterias, a través del prodigioso jugo de mora. Hoy podemos afirmar con toda certeza que la salud comienza por la sangre, pues ella constituye el vehículo que transporta el oxígeno y los nutrientes a todas las células de nuestro cuerpo, después de aprovisionarse de ellos en el hígado y por eso, una sangre en buen estado es garantía de un cuerpo saludable, en tanto que una sangre contaminada y turbia, es el mejor medio para promover la enfermedad. No debemos olvidar que el colesterol malo o LDL, es el peor enemigo de la sangre y por ende de todo el organismo. El exceso de grasas y toxinas en el sistema circulatorio, gradualmente va reduciendo el diámetro de las arterias, al tiempo que torna la sangre espesa y propensa a la formación de coágulos y trombos. Esa saturación también va menguando la elasticidad a las arterias, en tanto inhibe al torrente sanguíneo para impregnarse del oxígeno reparador. Por eso cuando hablamos del colesterol, bien importante resulta conocer sus causas, su comportamiento y sus nocivos efectos, así como la adecuada manera natural para erradicarlo de nuestro cuerpo.

Siempre será la inextinguible llama de nuestra voluntad y el enorme privilegio de nuestro conocimiento, quienes decidan cuándo acoger o rechazar cada uno de los alimentos que la vida nos ofrece.

Hasta una próxima oportunidad,

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia.

Ilustración: Photobucket.com


Responses

  1. Estoy de acuerdo con fugaz, la buena alimentación es fundamental en la niñez ya que va a repercutir en toda nuestra vida y en todas nuestras actividades.
    Saludos!

    • Muchas gracias mi Buen Doctor, ciertamente la buena alimentación en los primeros años es definitiva para el buen suceso de la salud en la edad adulta, pero también es inquietante ver a tantas madres preocupadas por ver a sus hijos llenitos y gorditos, pero sin ninguna conciencia ni conocimiento acerca de los nutrientes que se les prodigan. Con frecuencia en una misma comida les incluyen dos o tres harinas o un exceso de grasas saturadas, no les inculcan el agrado por la fibra contenida en las verduras, no les controlan las golosinas y el terrible efecto que ellas van a ocasionar más tarde por causa de la excesiva ingestión de azúcar refinado. Conocer la naturaleza y propiedades de los alimentos, así como la forma adecuada de suministrarlos, es sin duda un esfuerzo que no debemos postergar.

      Reciba mi saludo fraternal,

      Mauricio.

  2. La mayor y mejor base para una buena alimentación comienza en la infancia, hacer que nuestros pequeños crezcan con una alimentación sana es lo mejor, sin caer en los excesos, pues como bien comentas, en ocasiones vamos de un extremo a otro. Es más que evidente que para gozar de nuestra mente y alma, debemos tener una salud acorde y a punto para ello, sino siempre habrá algo que no nos deje avanzar hacia ese bienestar al que todos desearíamos tener muy a mano.

    • Ciertamente Fugacita los primeros siete años de un niño resultan definitivos para la consolidación de su componente orgánico y también de sus recursos mentales y emocionales, con los cuales va a poder enfrentar la vida. Esto guarda estrecha analogía con ese regio calostro con el que la madre recibe a su bebé en el momento de nacer, para garantizarle a futuro la fortaleza de su sistema inmunológico.

      Recibe mi permanente abrazo,

      Mauricio.

  3. Hola mi querida Sonia:

    Después de lidiar con algunos problemas en mi anterior blog dedicado a la poesía, el cual puedes ver en http://www.labellaislademauro.blogspot.com ahora he decidido comenzar con esta nueva bitácora en WordPress en la que me propongo compilar distintos temas, todos ellos relativos a la búsqueda de ese binestar que tanto anhelamos los seres humanos. Muchas gracias por la gentileza de leer mis escritos y por el interés de permanecer al tanto de los nuevos contenidos que a futuro iré insertando.

    Recibe mi cariñoso saludo y todos mis buenos deseos por el restablecimiento de tu salud.

    Mauricio.

  4. Mauricio me dio mucha alegria recibir un corro donde decia que invitabas a ver tu blog, no sabia que tenias uno, como estoy alejada del grupo pluma y palabras por problemas de salud, leo muy poco,hoy entro y leo todo lo que tienes, realmente tus escritos son muy ciertos, lo pondre entre mis fsvoritos, asi estoy al tanto de lo que pones en el.
    FELICITACIONES!!!!!!


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