Posteado por: vidagrata | 23 marzo, 2010

El encanto de la pirámide

 

EL ENCANTO DE LA PIRÁMIDE

Tal vez por encontrarnos inmersos en este mundo tan lleno de imágenes pasajeras y de sugestivas enseñas publicitarias, nuestra atención se mantiene ocupada y distraída en esa pasarela de cosas efímeras, por lo cual rara vez logramos abstraernos de lo cotidiano para analizar con toda calma algunos temas trascendentes, como por ejemplo lo relativo a esas huellas que dispersas a lo largo y ancho del planeta, nos hablan con sus vestigios de un pasado lleno de encanto y de sorpresas. Monumentos que han perdurado a través de los siglos, muchos de los cuales permanecen estáticos e incólumes, sugiriéndonos con su lenguaje mudo, la existencia de una protohistoria terrestre, en la que sin duda existió un nivel de conocimiento que rebasa el estado de nuestra ciencia contemporánea. Las pistas de Nazca con sus gigantescos ideogramas, el sacro complejo en las alturas de Machu Picchu, así como los imperturbables y orejones rostros de mentón alargado que tutelan la Isla de Pascua, son apenas una muestra de ese pasado grandioso que a través de sus pétreas imágenes nos habla de su magnificencia. Tal parece que apenas comenzamos a despertar de un profundo sueño que nos tuvo dormidos en la luenga noche de los siglos, del cual parece que comenzamos a divisar su amanecer con el advenimiento de una nueva etapa de ascenso en la comprensión del Universo. En medio de todos esos vestigios del pasado, surge imponente una obra magistral de geométrica conformación, en la que se encuentra condensada la inefable sabiduría de aquellos seres excepcionales y que los humanos de este tiempo apenas comenzamos a desentrañar. La imponente pirámide con su base cuadrada, eleva sus aristas hacia el cielo hasta juntarse en la cima de un conocimiento jamás imaginado. Tenemos pirámides diseminadas en distintas partes del planeta y aún no sabemos cuántas más se encuentran sumergidas en los mares y enterradas en las superficies continentales bajo el polvo sedimentado en el curso de los siglos. Algunas pirámides que exhiben en sus lisas facetas una apariencia elemental y otras que escalonadas invitan al ascenso, son parte de una cultura primigenia que nuestro breve ciclo vital difícilmente alcanza a comprender. Privilegiados por un valioso patrimonio arqueológico en el tema piramidal permanecen países como Egipto, México, Guatemala, Belice, Perú, China, India, Irán y Sudán entre otros. Grabados encontrados en las redondas y famosas piedras de Ica en el Perú, ilustran dibujos que se remontan a 60 millones de ños, en los cuales aparece nuestro planeta rodeado de pirámides, sin que hasta el momento tengamos una idea clara sobre la causa de su remota proliferación. Pero es el valle de Gizeh en el antiguo Egipto donde reposa el referente principal de estas enormes formas rupestres. La gran pirámide de Keops ha sido escogida por arqueólogos de distintas latitudes, para estudiar sus dimensiones y su conformación, así como los distintos efectos gravitacionales que se condensan al interior de su estructura. Sin menoscabo de los estudios que se han realizado y se siguen realizando en otras pirámides de menor envergadura como las que ostenta México en Teotihuacán y en Chichén Itzá, así como los complejos arqueológicos de Tikal en el norte de Guatemala, las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino con su imponente efigie tutelar, continúan siendo el centro didáctico de mayor significación en esta materia. Al interior de Keops duermen en sus muros unos cuadros grabados conocidos como los veintidós arcanos mayores, los que seguramente contienen un código sagrado y solemne bajo el cual los constructores de esas estructuras establecían las normas de conducta que debían regir su convivencia, aunque tampoco se descarta un ordenamiento alquímico con el cual orientaban su conocimiento. Algún investigador cuyo nombre se me escapa en este momento, decidió un buen día medir la altura de la pirámide de Keops y después de cotejarla con distintos factores numéricos, encontró que al multiplicar dicha altura por un factor de un millón, la cifra resultante coincidía con la distancia que separa la Tierra del sol. Es decir que la altura de Keops ahora se convertía en un registro diáfano del espacio que nos separa del astro rey. Conmovido y muy entusiasmado con este hallazgo, el investigador se dispuso a realizar otros cotejos y esta vez se ocupó en medir el perímetro de la circunferencia que se inscribe dentro de la base cuadrada de la pirámide. Una vez calculada su medida, afanoso le aplicó el mismo factor que usara anteriormente para medir la distancia de la Tierra al sol y parodiando a Arquímedes, este hombre debió gritar ¡¡¡Eureka!!! cuando pudo constatar que la nueva medida resultante se ajustaba con impresionante precisión a la longitud del eje polar de la Tierra. Así pues, quedó claro que en estos dos cotejos la pirámide nos informaba cuál era el tamaño de la Tierra y cuál era su localización dentro del sistema solar. Yo que soy tan malpensado, me imagino que el investigador debió quedar sumido en una especie de orgasmo arqueológico después de este descubrimiento, con el que sin duda se atizaba la llama de su curiosidad. Con el paso del tiempo y ante la enorme expectativa que había generado esta noticia, varios investigadores al ver el camino allanado, se fueron sumando a la tarea de realizar nuevas mediciones. Así lograron descubrir que la galería o escalera que une la Cámara del Rey con la Cámara de la Reina, estaba conformada por un número de peldaños igual a los 365 días que componen el año calendario. Posteriormente se ocuparon en calcular el área de la sombra que proyecta la pirámide en el desierto durante el recorrido que realiza el sol en el día y después de medirla y aplicarle mismo factor de las mediciones anteriores, el resultado no pudo ser más elocuente: ahora los investigadores se encontraban con una cifra que se ajustaba al área que abarca la Tierra en su periplo alrededor del sol durante un año. Todas esas coincidencias ya nos dibujan en forma ostensible el real significado de estos monumentos, y de cierta manera nos remonta el origen de sus artífices a instancias ajenas a nuestro planeta. Pero ahí no terminan los hallazgos, pues el conocido número “Pi” (3,1416 etc.), también se encontraba presente al interior de las aristas. Hoy sabemos que el combustible de la pirámide es su posición, toda vez que los planos triangulares siempre están orientados hacia cada uno de los cuatro puntos cardinales, circunstancia que le permite condensar su enorme fuerza gravitacional. Actualmente parece que hay un desfase aproximado de trece grados en la orientación de la gran pirámide, el cual presumiblemente no obedecen a un error en su construcción, sino al desplazamiento que ha tenido nuestro eje polar desde que la pirámide fue construida, característica que nos permite mesurar también la inclinación que ha sufrido nuestro planeta a lo largo de los siglos. De otra parte hemos podido conocer por gracia de algunos grabados existentes al interior de Keops, que los artífices de estas moles de piedra provenían de la brillante estrella gemela Sirio en la constelación del Can Mayor, la cual, por causa de recientes investigaciones, parece que ya no es una estrella gemela sino trilliza. Animado por todo este asunto, un día yo me dispuse a construir con palillos de madera, una pequeña réplica de diez centímetros de lado en su base, a la cual le adapté un mástil o soporte con un palillo vertical, dotado con un alfiler en la punta que se dirigía hacia arriba. En el vértice superior de la pirámide y por la parte interior, coloqué con pegante un pequeño accesorio metálico que tenía forma cónica, de tal manera que se pudiera suspender la pirámide sobre la punta del alfiler, evitando en lo posible la fricción para que pudiera girar libremente. Al terminar su construcción pude verificar que mi pequeña obra era una brújula perfecta, pues ella sola oscilaba hasta acomodarse con sus lados orientados hacia los cuatro puntos cardinales. Varias veces la impulsé de manera premeditada para hacerla rotar, pero siempre después de girar un buen rato, ella se iba deteniendo hasta alinearse perfectamente con el norte magnético. A partir de ese momento quedó designada como mi brújula de cabecera, aunque nunca imaginé que también yo resultaría siendo víctima de un orgasmo piramidal, ya que por esos días me puse a observar a mi pequeña mascota durante un eclipse de sol, en el cual el inquieto prisma no tuvo inconveniente en ponerse a girar como una loca desalmada, realizando frenéticos y lúdicos movimientos circulares y pendulares. Una vez que pasó el eclipse, ella recobró su aspecto apacible al tiempo que retomó su cardinal orientación, mientras que yo con la frente arrugada por la incertidumbre y el alma derretida por la fascinación, fui bajando la frecuencia de mi estelar excitación, hasta que pude comprender que también mi hermosa mascota era un reloj apto para medir la actividad geomagnética de este bello planeta que tan generosa y amablemente me hospeda. Ahora pienso que nuestro mundo actual con su pretendida tecnología de avanzada, apenas constituye un primitivo embrión que se aproxima temeroso y receloso a ese magno conocimiento de las energías sutiles.

Espero que volvamos a encontrarnos aquí, para que tratemos juntos de hacer la vida un poco más grata.

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia.

Ilustración: Philip Gardiner.


Responses

  1. mauricio, quisiera contactar contigo para hablar dle tema de piramdies, por favor pasame un mail .

    gracias

  2. Querido Mauricio.

    Desde que me enteré de esta página, cada dia leo un artículo con mucho entusiasmo. Muchas gracias por ofrecernos y compartir tus ideas.

    A mi tambíén me gusta mucho la geometría y en el caso de las pirámides me llama mucho la atención que una pirámide sea la mitad de un octoedro que es una forma pura de lado triangular y ocho caras. ¿Qué opinas?

    • Estimado Sergio:

      Discúlpame la demora en responder pero la verdad es que este comentario no llegó a mi correo y hasta ahora me percato. Tengo un poco descuidado el blog y como puedes ver, hace días no posteo porque estoy muy dedicado al cuento de mi libro.

      Ciertamente es un encanto y un misterio digno de la mayor contemplación, la cantidad de curiosas relaciones numéricas y volumétricas que se han podido encontrar en la pirámide… sin duda alguna este curioso cotejo con el octaedro es una más de tantas concordancias que apenas nos permiten presentir la magnificencia científica de quienes las construyeron. No obstante lo mucho que se ha logrado desentrañar de estas mega estructuras de piedra, todo parece indicar que apenas comenzamos a descubrir el enorme conocimiento que abrigan sus aristas, en las cuales se conjugan la excelencia matemática, la perfección geométrica, el efecto gravitacional, la cardinalidad que las alimenta y el rigor con el que nos hablan de su remoto fulgor.

      Un abrazo hermanado.


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