Posteado por: vidagrata | 29 marzo, 2010

El imperio de la palabra.

 

EL IMPERIO DE LA PALABRA

Cada que tratamos de establecer una jerarquía en relación con todos los aspectos que acompañan nuestro comportamiento, con frecuencia no nos resulta fácil concederle a cada tema el rango adecuado dentro de ese amplio espectro de circunstancias que nos presenta la vida y por eso lo más razonable es recurrir al sentido común, como quiera que es una forma natural de interpretar esa realidad a la cual permanentemente nos vemos enfrentados. La voz interior que proviene de la conciencia y que nos llega a través de la intuición, ciertamente nos permite armonizar cada uno de nuestros pensamientos y nuestros actos, con el código de valores que hemos ido insertando en nuestra mente desde la infancia en el hogar y posteriormente en el aula académica. Definir un orden metódico de prioridades siempre ha sido una conveniente metodología para encauzar nuestro destino, toda vez que ello nos permite valorar y priorizar lo trascendente. ¿Pero cuál sería entonces el aspecto más importante que deberíamos considerar a la hora de evaluar nuestro comportamiento? Desde luego que cada persona sabrá ordenar los apremios que demanda su propia existencia y en esto no existe una regla axiomática que todos debemos seguir. Justamente por eso, el sentido común que gobierna el pensamiento de cada persona, así como su libre albedrío para materializar el estilo de su vida, dibujarán el derrotero por el que ineludiblemente será encaminado su destino. Con base en lo anterior parece oportuno indagar en la fuente de las Sagradas Escrituras, para conocer el componente cimero de la vida misma. En sus páginas podemos encontrar una cita en la que San Juan expresa lo siguiente: “En el principio existía la palabra y la palabra estaba con Dios, y la palabra era Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En la palabra estaba la vida y la vida era la luz de los hombres”. Si cotejamos esta cita con la realidad que impera en nuestro mundo actual, podemos deducir la vigencia que conservan estas afirmaciones del santo apóstol. Cuán importante es la palabra dulce con la que cada hombre pretende educar a su hijo, con la que cada empresario procura estimular a su empleado, con la que cada esposo pretende honrar a su consorte, con la que cada gobernante intenta convocar a su pueblo, con la que cada niño nos enseña de ternura, la palabra solidaria con la que cada hombre puede recuperar la estima del que sufre en la penuria. Si bien la palabra imperó al comienzo de los tiempos como fuente primera de la Creación, hoy conserva toda su actualidad como elemento actuante en esta convulsionada civilización. Es bien importante comprender el valor y la fuerza de un lenguaje amable, respetuoso y solidario, capaz de catapultar nuestro mundo hacia una era apacible de progreso y bienestar. Sin duda la palabra indulgente y fraterna es el arma más contundente para salvaguardar la paz y perpetuar la armonía entre los hombres. Quienes sólo conocen el improperio y la maledicencia para comunicarse con sus semejantes, pobre huella dejan tras su paso por este planeta. Un lenguaje sincero y afectuoso es el camino más corto para lograr una sana convivencia y una pujante evolución. Todos aquellos que gravitan en el manejo del Estado, deben saber que al hablar de manera franca y cordial, las posibilidades de atenuar los conflictos entre las naciones se aumentan sensiblemente, al tiempo que las buenas relaciones se hacen más perdurables. Necesitamos urgentemente devolverle al lenguaje amable el sitial que le corresponde, si queremos merecer y preservar el apelativo de seres racionales. La voz irascible y la palabra ponzoñosa son expresiones de una mentalidad primitiva que se funda en la barbarie. Mentirle a un hijo o confundirlo con palabras soeces, es el peor daño que se le pueda ocasionar a futuro, toda vez que con ello se le niega la posibilidad de convertirse en un pregonero de la verdad y el respeto. Nuestro pensamiento es una fuente inagotable de creatividad que se canaliza y expande a través de la palabra, pero cada palabra emitida conlleva una frecuencia que necesariamente afecta a las personas que nos escuchan y más directamente a quienes dirigimos cada vocablo. La palabra es una energía que se vuelve sonora a través de la voluntad y cada expresión que proferimos puede unir o disociar, atraer o repeler. El tono de nuestra voz comporta su propia fuerza y su particular efecto, y de ahí se desprende la responsabilidad que nos impone el uso y manejo del lenguaje, como quiera que este gravita en todos los aspectos y matices de la vida. Conviene entonces saber que la palabra amorosa cautiva y enamora, en tanto que la palabra estridente conturba, la irónica enardece, la palabra tierna conmueve, la sabia enaltece, la fraterna dignifica y la palabra humilde ciertamente ennoblece. Recientemente una gentil amiga me remitió una nota impregnada con sabios aforismos, en la que infortunadamente no se menciona el nombre de su autor, pero no obstante esa omisión, resulta bien pertinente al efecto de este tema que nos ocupa y buen preámbulo para estos días de santa reflexión:

“Ten mucho cuidado con tus pensamientos porque ellos se transforman en palabras… ten mucho cuidado con tus palabras porque ellas se transforman en acciones… ten mucho cuidado con tus acciones porque ellas se transforman en hábitos… ten mucho cuidado con tus hábitos porque ellos moldean tu carácter…y ten mucho cuidado con tu carácter porque de él dependerá tu destino”.
 

Con estas consideraciones queremos dejar latente la necesidad de convertirnos en moderadores de nuestro propio lenguaje, pues todo lo que expresamos impregna y afecta sin duda nuestro entorno y muy especialmente a las personas con las que podemos tener alguna interlocución. El trato honrado, jovial y fraterno, no solamente irradia regocijo en nuestros semejantes, sino que también deja al interior de nuestro ser un inefable sentimiento de satisfacción y plenitud, energías que  repercuten de manera  favorable en nuestra salud anímica y mental. Hablar en una frecuencia amorosa es el negocio más rentable para las arcas de nuestro bienestar y el de todas las personas con las que diariamente interactuamos.

Hasta una próxima oportunidad, en la cual trataremos otro temita de interés en este espacio siempre amable. Sin falta los espero aquí…en Vida Grata.

 

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia.

Ilustración: Nathan S. Moody.


Responses

  1. Algo que es básico y tan sólo se aprende con el paso de los años es que antes de hablar, hay que reflexionar y pensar en aquello que vamos a decir. El respeto ante todo, y después la educación, ayudan a mantener un diálogo enriquecedor y del cual puede depender la continuidad o no de una amistad o relación con otras personas.

    • Comparto plenamente lo que dices mi querida estrellita fugaz. La prudencia es el mejor alambique en el que podemos filtrar el sentido de nuestros pensamientos, para que ellos se decanten en palabras sensatas, respetuosas y cordiales. Si pudiéramos comprender la fuerza del lenguaje y los profundos efectos que nuestras palabras generan en las personas, seguramente hablaríamos menos, pero lo haríamos en una forma más inteligente y razonable.

      Recibe mi cariñoso saludo,

      Mauricio.

  2. Hola mi querida Mati:

    No sabes cuánto agradezco tus palabras tan amables y expresivas…ahí voy poco a poco plasmando en este blog todos los temas que me inquietan y que tanto pululan en mi mente. Fíjate que no solamente uno escribe sus propias opiniones, sino que también se alimenta de las referencias de otras personas, pues en este último post sobre “El imperio de la palabra”, la gentil amiga que me remitió los aforismos fuiste tú, por lo cual el mérito es muy compartido. Mucho gusto y agrado sentiré al ver mi sencilla bitácora insertada en tu página web, pues ya veo que ella comporta un contenido muy comprometido con la preservación ambiental y el desarrollo comunitario, temas tan sensibles en estos tiempos de galopante degradación ecológica e indolente marginamiento social. Con base en eso, créeme que será un verdadero privilegio disponer de un rinconcito en tu bella página y de hecho eso me motivará a escribir sobre estos temas que siempre nos resultan de mutuo interés.

    Recibe mi saludo fraternal y toda mi gratitud,

    Mauricio.

  3. Hola Mauricio
    De verdad que tus reflexiones aportan muchísimo a nuestras necesidades e inquietudes de crecimiento personal, me encanta el lenguaje sencillo con que vas ilbanando las ideas dejando una apacible sensación de complicidad y asentimiento a tus propuestas.
    Ahora estoy en proceso de organizar la página web de la fundacion yulima, si buscas fundacionyulima.com, por ahí la encuentras. el hecho es que me gustará muchísimo tener tu blog allí para que pueda ser visitado por quienes entren a este sitio.

    Muchas gracias , muchas bendiciones y un fraternal abrazo

    Matilde


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