Posteado por: vidagrata | 12 abril, 2010

Frecuencia modulada.

FRECUENCIA MODULADA

Definitivamente la vida se torna más amable en la medida que uno va logrando desentrañar todos aquellos fenómenos que rigen el comportamiento de nuestra mente y de nuestro cuerpo. El organismo con el cual hemos sido dotados, ciertamente comporta una complejidad que supera nuestra propia comprensión y si bien cada día se suman nuevos conocimientos, lo que hemos logrado asimilar hasta el momento es apenas una leve muestra de lo que aún nos queda por aprender. Tradicionalmente la ciencia médica convencional ha manejado al hombre como una entidad desarticulada, en la cual las dolencias del cuerpo son interpretadas al margen del proceso volitivo que comanda el comportamiento de los humanos. Se analizan los síntomas para prescribir luego una formulación con medicamentos que, si bien pueden menguar el problema para el cual fueron concebidos, con frecuencia sus efectos colaterales resultan más nocivos que la misma enfermedad. Una prueba de ello son las reiteradas noticias que nos llegan sobre distintos medicamentos que después de permanecer varios años en el mercado, resultan proscritos y prohibidos por los entes que regulan la salud, al descubrirse después de su uso prolongado unos efectos secundarios ciertamente adversos, como ocurriera con más de diez medicamentos antigripales, sobre los cuales se descubrió en forma por demás tardía que promovían la trombosis cerebral. Esto nos ha llevado a buscar alternativas más amables para el manejo de los distintos problemas que aquejan la salud y justamente por eso han venido proliferando tantos métodos alternativos que se apoyan en productos y procedimientos que procuran retornar a lo natural. Independientemente de la efectividad que puedan presentar los distintos métodos terapéuticos, es evidente que cada vez se patentiza más el enfoque de una medicina que vincula el componente físico con el aspecto psíquico, de manera que se pueda obtener un diagnóstico más integral del problema objeto de cada estudio en particular. Desde luego no pretendemos afirmar que todas las enfermedades a las que el hombre se ve enfrentado son de origen psicosomático, pues bien sabemos que muchos trastornos se pueden perpetuar por efecto de una herencia genética y muchos otros pueden tener su origen en procesos infecciosos, frecuentemente inducidos y generados por una proliferación bacterial que subordina la inmunología de nuestro cuerpo. Aquí simplemente pretendemos dejar una reflexión sobre la forma como el estado psíquico y mental, afecta el comportamiento de los órganos vitales, pues no cabe duda que los estados depresivos, los momentos de ira, de tristeza y todo ese género de manifestaciones conexas siempre adversas, alteran el normal funcionamiento de nuestro cuerpo, especialmente en lo que se relaciona con las sustancias que secreta cada una de las glándulas del sistema endocrino. Es evidente que una alteración del páncreas deriva frecuentemente en una secreción insuficiente de la insulina que regula el azúcar en la sangre, ocasionando con ello el advenimiento de la terrible diabetes. De igual manera un trastorno en la glándula hipófisis para citar otro ejemplo, conlleva serias alteraciones en la calidad y el volumen de las hormonas que ella secreta, especialmente aquella más comúnmente conocida como somatotropa o somatotropina, de lo cual se derivan severos trastornos en la salud, especialmente en lo relativo al crecimiento corporal y el funcionamiento de las glándulas sexuales, así como otros efectos indeseables de orden metabólico. Realmente este es un tema muy especializado en el que la prudencia nos obliga dejar en manos de los idóneos y expertos facultativos. Lo que aquí nos interesa es indagar en qué medida esos trastornos de la salud tienen un origen psicosomático o motivado en estados anímicos diversos, pues resulta indiscutible que los sentimientos amables de alegría, bienestar, satisfacción, regocijo, etc., tienen una afectación muy favorable que promueve la buena salud, en tanto que sentimientos opuestos tienden a convertirse en el origen de muchas enfermedades. Si pudiéramos conocer y comprender los nefastos efectos de la ira sobre nuestro organismo, seguramente nos tornaríamos mucho más apacibles. De igual manera, cuando evaluamos los estados de tristeza sabremos que, si bien son una manifestación natural generada por una circunstancia adversa, muy peligroso nos resulta permanecer mucho tiempo en esa frecuencia anímica, pues sin duda alguna nuestra salud sufrirá los rigores de este malestar. Cada pensamiento tiene su reacción química inmediata en los neuropéptidos que genera el cerebro, de los cuales depende no sólo la fortaleza del sistema inmunológico, sino también el estado general de la salud. Por eso puede afirmarse que una actitud acompañada por los buenos sentimientos y los buenos pensamientos, necesariamente deriva en una buena salud, en tanto que una actitud opuesta resulta precursora de ingentes males en nuestro cuerpo. Si bien en ocasiones la asistencia médica resulta imprescindible, no menos importante es el trabajo colateral que podemos realizar, asumiendo con la mejor voluntad una actitud restauradora y un deseo vehemente de querer mejorar nuestra vida. Cuando logramos inducir nuestra mente de manera favorable, ella en contraprestación se encarga de retornarnos una buena disposición anímica y un mejor estado en nuestra salud. El ejercicio que he podido realizar durante muchos años me permite afirmar con certeza la conveniencia de modular el pensamiento hacia todo tipo de imágenes positivas y gratificantes. El primer pensamiento que uno tiene en la mañana al despertarse, invariablemente afectará nuestro ánimo durante todo el día. Si al despertar en la mañana invocamos la palabra “serenidad” y la repetimos pausadamente dos o tres veces, ciertamente podemos esperar el trascurso de un día muy sosegado y libre de toda enervación. Cada palabra conlleva un significado y un sentimiento que actúa como una impronta indeleble en nuestro comportamiento. Las personas que constantemente se reiteran vocablos relativos al fracaso, difícilmente podrán conocer la prosperidad. En contraste, quienes visualizan su cuerpo rebosante de salud, cada vez estarán más alejados de la enfermedad. Esto parece ser una ley que se cumple en forma axiomática y que está muy relacionada con la famosa “Ley de la atracción”, tan comentada por estos días. Simplemente uno es el producto de lo que atrae para su propia vida y esa atracción se materializa a través del pensamiento. Pero aquí resulta algo bien interesante y curioso, pues al parecer nuestro cerebro es una máquina que emite distintas frecuencias y las modula de manera consciente cuando estamos despiertos y activos, pero también de manera inconsciente durante el sueño. Dicen los entendidos que durante el día el cerebro de los seres humanos normalmente vibra en una frecuencia “Beta”. Independientemente de las oscilaciones o los aspectos técnicos que comporta dicha frecuencia, ella parece mantenernos conectados especialmente con el mundo exterior y tal vez por eso nos proporciona los reflejos y las defensas para enfrentar las circunstancias y contingencias de cada día mientras permanecemos activos. Pero también el cerebro tiene sus momentos en los que vibra en una frecuencia de tipo “Alfa”, la cual y en contraposición, parece gravitar con más ahínco en nuestro fuero interior. Es en la madrugada y antes del despertar, cuando esta frecuencia hace su presencia en el cerebro. Así lo realiza porque el organismo está programado para ello y es en ese lapso cuando muchas veces el cuerpo se desdobla y comienza a viajar en ese plano astral, llevándonos a estados oníricos que a veces logramos recordar ya despiertos, con una precisión impresionante sobre los detalles del entorno con el cual hemos soñado. Pero lo más interesante de esta ubicuidad inconsciente es que los humanos también tenemos la posibilidad de inducir premeditadamente en nuestro cerebro esta frecuencia para derivar de ella enormes beneficios, ya que en un estado alfa, cualquier mandato que el pensamiento decrete, implica una orden taxativa de ineludible cumplimiento para todas las células de nuestro cuerpo y también para nuestro sucesivo comportamiento. Es indiscutible que en los estados de relajación y de profunda meditación, así como en esos momentos de dicha suprema o de enorme satisfacción, nuestro cerebro comienza a vibrar en frecuencia alfa o en frecuencias muy próximas a ella. Cada vez los expertos en estos temas se reafirman con mayor fuerza en la convicción de otorgarle a la voluntad un rol crucial en el buen suceso de nuestra vida. Con base en ello han afirmado que si una persona enferma logra inducir una frecuencia alfa en su cerebro, y estando en ella le expide una orden de sanación a su cuerpo, casi en forma inmediata sus células comienzan a reaccionar a favor de esa recuperación. De hecho los sucesos con apariencia de fantásticos como la levitación o la práctica que realizan algunos personajes al caminar descalzos sobre brasas ardientes sin sufrir quemaduras, necesariamente están acompañados por frecuencias especiales como esta a la que nos estamos refiriendo. Ya dedicaremos un espacio en otra inserción, para hablar con más detalle sobre la forma como podemos inducir un estado de pensamiento alfa en nuestra vida a través de la meditación y la relajación. De momento podría pensarse que este es un tema muy novedoso, cuando en realidad forma parte de un conocimiento muy antiguo que apenas comenzamos a desentrañar y que acompañó seguramente a civilizaciones de la protohistoria, para quienes posiblemente el lenguaje hablado resultaba arcaico, pues ya habían logrado desarrollar un sistema telepático por gracia de una glandulita muy cercana a la hipófisis de la que hablábamos inicialmente y que ahora surge como la venerable glándula pineal, en la cual reposa el manejo de frecuencias impensadas y de posibilidades evolutivas por ahora imponderables. Nuestro mundo actual avanza hacia un momento cenital de enorme radiación estelar y con ello es casi seguro que nuestro ADN sufrirá modificaciones que nos aproximarán de manera irreversible hacia una nueva dimensión de la existencia. Posiblemente la terapéutica futura se apoyará más en los tratamientos realizados con frecuencias y colores, que en las convencionales formulaciones farmacológicas. Posiblemente los sistemas de diagnóstico también se tornarán más simplificados… tal vez bastará una gota de sangre, un cabello o una muestra de saliva para poder determinar la causa y la cura de todas nuestras dolencias. No obstante, la férrea voluntad siempre seguirá siendo nuestra mejor aliada en la búsqueda del bienestar.

Espero que nos sigamos encontrando aquí, en Vida Grata.

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia.

Ilustración: No se tiene referencia del autor.


Responses

  1. No hay duda que cada vez el mundo clama con mayor anhelo por el advenimiento de una medicina que también contemple el componente emocional de las personas, pues al fin de cuentas los sentimientos y los pensamientos gravitan bastante en el comportamiento físico-químico de nuestro organismo…la mente y la voluntad son quienes en definitiva gobiernan el todo orgánico y por eso creo que mucho conviene tratar médicamente al hombre en toda su integridad.

  2. Es muy interesante la posición que el psicoanálisis tiene respecto a lo hereditario ya que la herencia de lo simbólico, del lenguaje, de la ley que recibimos desde bebés, podría tener tanto o más incidencía en nuestros síntomas que la herencia genética.

    Desde esta perspectiva, los síntomas son manifestaciones, señales, signos del cuerpo que quieren decir algo. La medicina tradicional silencia al síntoma con medicamentos impidiendo al sujeto llegar a la causa atravez de la palabra.


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