Posteado por: vidagrata | 3 mayo, 2010

El metabolismo del planeta.

El METABOLISMO DEL PLANETA

Bastante razón tenía Alvin Toffler cuando en su libro “El shock de futuro”, afirmaba con mucha agudeza mental su premonitoria visión de lo que estaba por venir, y bien supo visualizar el problema al que cada vez nos veríamos más enfrentados los seres humanos por efecto de la velocidad con la que se produce el cambio tecnológico. Ciertamente el ritmo geométrico con el cual avanza y se reproduce nuestro acervo científico, nos sitúa hoy en los umbrales de una coyuntura bastante crítica. Las invenciones e innovaciones que ayer necesitaban uno o dos años para convertirse en obsoletas, hoy parece que adquieren esa condición desde el mismo momento en que son desentrañadas. Esto quiere decir que simultáneamente al surgimiento de un avance tecnológico, en otro lugar del planeta emerge un nuevo suceso científico de mayor notoriedad que necesariamente  supera y releva al anterior. Seguramente esta carrera comenzó por allá en el año 4000 antes de Cristo, en la Babilonia antigua, cuando un elemento tan simple como la rueda, fue concebido sin pensar que a futuro tuviese tantas y tantas aplicaciones. Hace algún tiempo se afirmaba que la humanidad en los últimos cincuenta años había progresado más que en los quinientos años que le precedieron y hoy puede afirmarse con toda certeza que en los últimos cinco años el avance de nuestra ciencia supera en profundidad y magnitud a la sumatoria de esos quinientos cincuenta años de constante evolución. Hace cincuenta años nadie se habría imaginado la facilidad con la que una persona desde su propio lar, llegaría a comunicarse con todo el planeta a través de una pantalla subordinada a un procesador y comandada por un teclado. Hoy cuando hemos podido ver esa utopía convertida en realidad, simultáneamente nos rehusamos a creer que en un futuro muy cercano los seres humanos seremos amasados como si fuésemos de plastilina, por causa del avance en el estudio de la criogénesis, a partir de la cual y mediante la manipulación de las células estaminales, cualquier órgano de nuestro cuerpo puede ser reparado o reconstruido en su totalidad. Con base en esta perspectiva ya los japoneses han logrado devolverle la visión a varios invidentes, los mexicanos han podido restaurar los tejidos de personas que han sufrido accidente cardiovascular, los ingleses ya se aprestan a devolverle su dentadura natural a los desdentados, y sabe Dios cuántos prodigios más se encuentran en transición hacia una aplicación generalizada casi que inminente. Este momento crítico en el avance de nuestra actividad científica, curiosamente coincide con el punto de partida hacia una nueva era en la que el cambio tecnológico se verá catapultado hacia niveles impensados, justamente cuando nuestro sistema solar quede alineado con el centro de la galaxia, circunstancia que se tiene prevista para finales del año 2012. Se estima que dicha alineación proyectará hacia nuestro planeta y en general hacia todo el sistema solar, una radiación que en el pasado remoto se ha repetido cada 11.000 años. Así como ayer mostrábamos serias dudas e inquietudes sobre el advenimiento de un fenómeno globalizador como el Internet, hoy igualmente las podemos tener frente a lo que será el nivel de nuestra ciencia en los próximos cinco o diez años, durante los cuales presenciaremos cambios imprevisibles. De hecho ya  han comenzado las especulaciones sobre los efectos que pueden derivarse de la radiación a la que estaremos expuestos y sometidos a partir del año 2012, cuando comenzaremos a recibir el destello energético de Alción como estrella regente de la galaxia. Lo primero que nos atrevemos a presagiar es un cambio sustancial en la estructura del ADN, que presumiblemente actuará sobre nuestro sistema endocrino, catapultándonos hacia niveles superiores de conciencia. Esto ciertamente supone un cambio diametral en todos los valores que regentan nuestra civilización contemporánea. El sendero ególatra y materialista por el que hemos transitado, seguramente va a sucumbir ante el advenimiento de una cultura más solidaria y equitativa. El arquetipo de un nuevo hombre que reorienta su mirada hacia una dimensión estelar, terminará por sepultar el fragor de las luchas intestinas al interior de nuestro planeta. Al parecer nuestro problema ya no se limitará a la sana convivencia entre los terrícolas, pues la misma dinámica del crecimiento demográfico y el agotamiento de los recursos naturales, sin duda nos obligará a incursionar con más ímpetu en el espacio estelar. En tanto que el cuerpo científico se encuentra trabajando en esa dirección, nosotros los espectadores dudosamente racionales, seguimos en esta absurda carrera hacia el abismo ecológico, sacándole las vísceras al planeta para poder cumplir las metas de crecimiento industrial. Agotamos las fuentes de agua por efecto de una insensata y cada vez más creciente deforestación, sin acordarnos que solamente el tres por ciento del agua existente en el planeta presenta condiciones de potabilidad, no obstante que ya algunos expertos remiten este porcentaje al uno por ciento. Ciertamente el agua nunca se acaba, pero sí se deteriora y se degrada en un proceso suicida que amenaza con extinguir la vida. Pero el agua es apenas una parte del inefable problema que nos agobia. La indolencia de los humanos hacia este bello planeta que nos fuera entregado para su custodia y preservación, también se patentiza en la enorme carga de residuos no degradables en el corto y mediano plazo que diariamente y sin descanso generamos. Con arrogante actitud nos ufanamos por el desarrollo de materiales aparentemente muy generosos en cuanto a su utilidad y después de difundir su uso por todo el planeta hasta terminar en los basureros, nos enteramos que necesitan cien, doscientos o quinientos años para degradarse. Es claro que si no reorientamos nuestra tecnología hacia procedimientos y productos más amables con la naturaleza, en un futuro cercano terminaremos comiendo ensalada de polímeros y de sobremesa un buen jugo de lixiviado. Pero no acabamos de solucionar un problema cuando surge otro de análoga magnitud. No contento el hombre con su afán por acopiar los recursos del subsuelo para ponerlos al servicio de la contaminación ambiental, como ocurre con la extracción, procesamiento y posterior utilización de los hidrocarburos precursores del dióxido de carbono, ahora nos llega la dramática noticia sobre uno más de los tantos derramamientos de petróleo, sólo que esta vez de mayor magnitud, ocasionado por el colapso de una compleja torre petrolera en el Golfo de México. Muy ocupados por cierto se deben encontrar los ejecutivos de la empresa británica BP encargada del proyecto, en atender los procesos judiciales que sin duda les van a cursar, así como en apropiar los 4.600 millones de dólares que deben invertir para contener la expansión del petróleo derramado, en tanto que la ponderación del daño ambiental ocasionado, seguramente no resulta tan urgente. Los manglares, los arrecifes de coral y la vida marina hoy guardan un luto difícilmente comparable con el duelo que sin duda sentimos por los once trabajadores que perdieron su vida en el estallido que sufrió la plataforma submarina. El revuelo en las compañías aseguradoras responsables de indemnizar este enorme siniestro, poco tiempo deja para pensar en la forma como se deben enfrentar las secuelas de este suceso tan lamentable. Breve es el tiempo que hemos dedicado al estudio de las energías renovables, tal vez porque el encanto del oro negro resulta económicamente más atractivo, por lo cual ya estamos viendo los nefandos y nefastos resultados. Sólo nos queda confiar y albergar el anhelo cada vez más vehemente, en el sentido que el año 2012 marque el inicio de una nueva era, no sólo de mayor conciencia universal, sino también de un manejo más inteligente sobre el equilibrio ecológico del entorno terreno.

Muchas gracias por su amable atención… nos volvemos a encontrar aquí, en Vida Grata.

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia.

Fotografía: Fuente desconocida.


Responses

  1. Tristemente así es mi querido Sergio… no obstante debemos mantener abierta la puerta de la esperanza, en la idea de creer que el hombre sabrá modificar su torpe actitud hacia la vida y tener la sensatez de reflexionar sobre la inminente necesidad de reencontrarse con la naturaleza para preservar este bello planeta que tan generosamente nos alberga.

  2. Si hace 100 años Nietche afirmó que Dios habia muerto, hoy podría decirse que la naturaleza ha muerto. Si seguimos así es probable que en cien años no haya quien diga “El hombre ha muerto”.


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