Posteado por: vidagrata | 3 mayo, 2010

El metabolismo del planeta.

El METABOLISMO DEL PLANETA

Bastante razón tenía Alvin Toffler cuando en su libro “El shock de futuro”, afirmaba con mucha agudeza mental su premonitoria visión de lo que estaba por venir, y bien supo visualizar el problema al que cada vez nos veríamos más enfrentados los seres humanos por efecto de la velocidad con la que se produce el cambio tecnológico. Ciertamente el ritmo geométrico con el cual avanza y se reproduce nuestro acervo científico, nos sitúa hoy en los umbrales de una coyuntura bastante crítica. Las invenciones e innovaciones que ayer necesitaban uno o dos años para convertirse en obsoletas, hoy parece que adquieren esa condición desde el mismo momento en que son desentrañadas. Esto quiere decir que simultáneamente al surgimiento de un avance tecnológico, en otro lugar del planeta emerge un nuevo suceso científico de mayor notoriedad que necesariamente  supera y releva al anterior. Seguramente esta carrera comenzó por allá en el año 4000 antes de Cristo, en la Babilonia antigua, cuando un elemento tan simple como la rueda, fue concebido sin pensar que a futuro tuviese tantas y tantas aplicaciones. Hace algún tiempo se afirmaba que la humanidad en los últimos cincuenta años había progresado más que en los quinientos años que le precedieron y hoy puede afirmarse con toda certeza que en los últimos cinco años el avance de nuestra ciencia supera en profundidad y magnitud a la sumatoria de esos quinientos cincuenta años de constante evolución. Hace cincuenta años nadie se habría imaginado la facilidad con la que una persona desde su propio lar, llegaría a comunicarse con todo el planeta a través de una pantalla subordinada a un procesador y comandada por un teclado. Hoy cuando hemos podido ver esa utopía convertida en realidad, simultáneamente nos rehusamos a creer que en un futuro muy cercano los seres humanos seremos amasados como si fuésemos de plastilina, por causa del avance en el estudio de la criogénesis, a partir de la cual y mediante la manipulación de las células estaminales, cualquier órgano de nuestro cuerpo puede ser reparado o reconstruido en su totalidad. Con base en esta perspectiva ya los japoneses han logrado devolverle la visión a varios invidentes, los mexicanos han podido restaurar los tejidos de personas que han sufrido accidente cardiovascular, los ingleses ya se aprestan a devolverle su dentadura natural a los desdentados, y sabe Dios cuántos prodigios más se encuentran en transición hacia una aplicación generalizada casi que inminente. Este momento crítico en el avance de nuestra actividad científica, curiosamente coincide con el punto de partida hacia una nueva era en la que el cambio tecnológico se verá catapultado hacia niveles impensados, justamente cuando nuestro sistema solar quede alineado con el centro de la galaxia, circunstancia que se tiene prevista para finales del año 2012. Se estima que dicha alineación proyectará hacia nuestro planeta y en general hacia todo el sistema solar, una radiación que en el pasado remoto se ha repetido cada 11.000 años. Así como ayer mostrábamos serias dudas e inquietudes sobre el advenimiento de un fenómeno globalizador como el Internet, hoy igualmente las podemos tener frente a lo que será el nivel de nuestra ciencia en los próximos cinco o diez años, durante los cuales presenciaremos cambios imprevisibles. De hecho ya  han comenzado las especulaciones sobre los efectos que pueden derivarse de la radiación a la que estaremos expuestos y sometidos a partir del año 2012, cuando comenzaremos a recibir el destello energético de Alción como estrella regente de la galaxia. Lo primero que nos atrevemos a presagiar es un cambio sustancial en la estructura del ADN, que presumiblemente actuará sobre nuestro sistema endocrino, catapultándonos hacia niveles superiores de conciencia. Esto ciertamente supone un cambio diametral en todos los valores que regentan nuestra civilización contemporánea. El sendero ególatra y materialista por el que hemos transitado, seguramente va a sucumbir ante el advenimiento de una cultura más solidaria y equitativa. El arquetipo de un nuevo hombre que reorienta su mirada hacia una dimensión estelar, terminará por sepultar el fragor de las luchas intestinas al interior de nuestro planeta. Al parecer nuestro problema ya no se limitará a la sana convivencia entre los terrícolas, pues la misma dinámica del crecimiento demográfico y el agotamiento de los recursos naturales, sin duda nos obligará a incursionar con más ímpetu en el espacio estelar. En tanto que el cuerpo científico se encuentra trabajando en esa dirección, nosotros los espectadores dudosamente racionales, seguimos en esta absurda carrera hacia el abismo ecológico, sacándole las vísceras al planeta para poder cumplir las metas de crecimiento industrial. Agotamos las fuentes de agua por efecto de una insensata y cada vez más creciente deforestación, sin acordarnos que solamente el tres por ciento del agua existente en el planeta presenta condiciones de potabilidad, no obstante que ya algunos expertos remiten este porcentaje al uno por ciento. Ciertamente el agua nunca se acaba, pero sí se deteriora y se degrada en un proceso suicida que amenaza con extinguir la vida. Pero el agua es apenas una parte del inefable problema que nos agobia. La indolencia de los humanos hacia este bello planeta que nos fuera entregado para su custodia y preservación, también se patentiza en la enorme carga de residuos no degradables en el corto y mediano plazo que diariamente y sin descanso generamos. Con arrogante actitud nos ufanamos por el desarrollo de materiales aparentemente muy generosos en cuanto a su utilidad y después de difundir su uso por todo el planeta hasta terminar en los basureros, nos enteramos que necesitan cien, doscientos o quinientos años para degradarse. Es claro que si no reorientamos nuestra tecnología hacia procedimientos y productos más amables con la naturaleza, en un futuro cercano terminaremos comiendo ensalada de polímeros y de sobremesa un buen jugo de lixiviado. Pero no acabamos de solucionar un problema cuando surge otro de análoga magnitud. No contento el hombre con su afán por acopiar los recursos del subsuelo para ponerlos al servicio de la contaminación ambiental, como ocurre con la extracción, procesamiento y posterior utilización de los hidrocarburos precursores del dióxido de carbono, ahora nos llega la dramática noticia sobre uno más de los tantos derramamientos de petróleo, sólo que esta vez de mayor magnitud, ocasionado por el colapso de una compleja torre petrolera en el Golfo de México. Muy ocupados por cierto se deben encontrar los ejecutivos de la empresa británica BP encargada del proyecto, en atender los procesos judiciales que sin duda les van a cursar, así como en apropiar los 4.600 millones de dólares que deben invertir para contener la expansión del petróleo derramado, en tanto que la ponderación del daño ambiental ocasionado, seguramente no resulta tan urgente. Los manglares, los arrecifes de coral y la vida marina hoy guardan un luto difícilmente comparable con el duelo que sin duda sentimos por los once trabajadores que perdieron su vida en el estallido que sufrió la plataforma submarina. El revuelo en las compañías aseguradoras responsables de indemnizar este enorme siniestro, poco tiempo deja para pensar en la forma como se deben enfrentar las secuelas de este suceso tan lamentable. Breve es el tiempo que hemos dedicado al estudio de las energías renovables, tal vez porque el encanto del oro negro resulta económicamente más atractivo, por lo cual ya estamos viendo los nefandos y nefastos resultados. Sólo nos queda confiar y albergar el anhelo cada vez más vehemente, en el sentido que el año 2012 marque el inicio de una nueva era, no sólo de mayor conciencia universal, sino también de un manejo más inteligente sobre el equilibrio ecológico del entorno terreno.

Muchas gracias por su amable atención… nos volvemos a encontrar aquí, en Vida Grata.

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia.

Fotografía: Fuente desconocida.

Posteado por: vidagrata | 12 abril, 2010

Frecuencia modulada.

FRECUENCIA MODULADA

Definitivamente la vida se torna más amable en la medida que uno va logrando desentrañar todos aquellos fenómenos que rigen el comportamiento de nuestra mente y de nuestro cuerpo. El organismo con el cual hemos sido dotados, ciertamente comporta una complejidad que supera nuestra propia comprensión y si bien cada día se suman nuevos conocimientos, lo que hemos logrado asimilar hasta el momento es apenas una leve muestra de lo que aún nos queda por aprender. Tradicionalmente la ciencia médica convencional ha manejado al hombre como una entidad desarticulada, en la cual las dolencias del cuerpo son interpretadas al margen del proceso volitivo que comanda el comportamiento de los humanos. Se analizan los síntomas para prescribir luego una formulación con medicamentos que, si bien pueden menguar el problema para el cual fueron concebidos, con frecuencia sus efectos colaterales resultan más nocivos que la misma enfermedad. Una prueba de ello son las reiteradas noticias que nos llegan sobre distintos medicamentos que después de permanecer varios años en el mercado, resultan proscritos y prohibidos por los entes que regulan la salud, al descubrirse después de su uso prolongado unos efectos secundarios ciertamente adversos, como ocurriera con más de diez medicamentos antigripales, sobre los cuales se descubrió en forma por demás tardía que promovían la trombosis cerebral. Esto nos ha llevado a buscar alternativas más amables para el manejo de los distintos problemas que aquejan la salud y justamente por eso han venido proliferando tantos métodos alternativos que se apoyan en productos y procedimientos que procuran retornar a lo natural. Independientemente de la efectividad que puedan presentar los distintos métodos terapéuticos, es evidente que cada vez se patentiza más el enfoque de una medicina que vincula el componente físico con el aspecto psíquico, de manera que se pueda obtener un diagnóstico más integral del problema objeto de cada estudio en particular. Desde luego no pretendemos afirmar que todas las enfermedades a las que el hombre se ve enfrentado son de origen psicosomático, pues bien sabemos que muchos trastornos se pueden perpetuar por efecto de una herencia genética y muchos otros pueden tener su origen en procesos infecciosos, frecuentemente inducidos y generados por una proliferación bacterial que subordina la inmunología de nuestro cuerpo. Aquí simplemente pretendemos dejar una reflexión sobre la forma como el estado psíquico y mental, afecta el comportamiento de los órganos vitales, pues no cabe duda que los estados depresivos, los momentos de ira, de tristeza y todo ese género de manifestaciones conexas siempre adversas, alteran el normal funcionamiento de nuestro cuerpo, especialmente en lo que se relaciona con las sustancias que secreta cada una de las glándulas del sistema endocrino. Es evidente que una alteración del páncreas deriva frecuentemente en una secreción insuficiente de la insulina que regula el azúcar en la sangre, ocasionando con ello el advenimiento de la terrible diabetes. De igual manera un trastorno en la glándula hipófisis para citar otro ejemplo, conlleva serias alteraciones en la calidad y el volumen de las hormonas que ella secreta, especialmente aquella más comúnmente conocida como somatotropa o somatotropina, de lo cual se derivan severos trastornos en la salud, especialmente en lo relativo al crecimiento corporal y el funcionamiento de las glándulas sexuales, así como otros efectos indeseables de orden metabólico. Realmente este es un tema muy especializado en el que la prudencia nos obliga dejar en manos de los idóneos y expertos facultativos. Lo que aquí nos interesa es indagar en qué medida esos trastornos de la salud tienen un origen psicosomático o motivado en estados anímicos diversos, pues resulta indiscutible que los sentimientos amables de alegría, bienestar, satisfacción, regocijo, etc., tienen una afectación muy favorable que promueve la buena salud, en tanto que sentimientos opuestos tienden a convertirse en el origen de muchas enfermedades. Si pudiéramos conocer y comprender los nefastos efectos de la ira sobre nuestro organismo, seguramente nos tornaríamos mucho más apacibles. De igual manera, cuando evaluamos los estados de tristeza sabremos que, si bien son una manifestación natural generada por una circunstancia adversa, muy peligroso nos resulta permanecer mucho tiempo en esa frecuencia anímica, pues sin duda alguna nuestra salud sufrirá los rigores de este malestar. Cada pensamiento tiene su reacción química inmediata en los neuropéptidos que genera el cerebro, de los cuales depende no sólo la fortaleza del sistema inmunológico, sino también el estado general de la salud. Por eso puede afirmarse que una actitud acompañada por los buenos sentimientos y los buenos pensamientos, necesariamente deriva en una buena salud, en tanto que una actitud opuesta resulta precursora de ingentes males en nuestro cuerpo. Si bien en ocasiones la asistencia médica resulta imprescindible, no menos importante es el trabajo colateral que podemos realizar, asumiendo con la mejor voluntad una actitud restauradora y un deseo vehemente de querer mejorar nuestra vida. Cuando logramos inducir nuestra mente de manera favorable, ella en contraprestación se encarga de retornarnos una buena disposición anímica y un mejor estado en nuestra salud. El ejercicio que he podido realizar durante muchos años me permite afirmar con certeza la conveniencia de modular el pensamiento hacia todo tipo de imágenes positivas y gratificantes. El primer pensamiento que uno tiene en la mañana al despertarse, invariablemente afectará nuestro ánimo durante todo el día. Si al despertar en la mañana invocamos la palabra “serenidad” y la repetimos pausadamente dos o tres veces, ciertamente podemos esperar el trascurso de un día muy sosegado y libre de toda enervación. Cada palabra conlleva un significado y un sentimiento que actúa como una impronta indeleble en nuestro comportamiento. Las personas que constantemente se reiteran vocablos relativos al fracaso, difícilmente podrán conocer la prosperidad. En contraste, quienes visualizan su cuerpo rebosante de salud, cada vez estarán más alejados de la enfermedad. Esto parece ser una ley que se cumple en forma axiomática y que está muy relacionada con la famosa “Ley de la atracción”, tan comentada por estos días. Simplemente uno es el producto de lo que atrae para su propia vida y esa atracción se materializa a través del pensamiento. Pero aquí resulta algo bien interesante y curioso, pues al parecer nuestro cerebro es una máquina que emite distintas frecuencias y las modula de manera consciente cuando estamos despiertos y activos, pero también de manera inconsciente durante el sueño. Dicen los entendidos que durante el día el cerebro de los seres humanos normalmente vibra en una frecuencia “Beta”. Independientemente de las oscilaciones o los aspectos técnicos que comporta dicha frecuencia, ella parece mantenernos conectados especialmente con el mundo exterior y tal vez por eso nos proporciona los reflejos y las defensas para enfrentar las circunstancias y contingencias de cada día mientras permanecemos activos. Pero también el cerebro tiene sus momentos en los que vibra en una frecuencia de tipo “Alfa”, la cual y en contraposición, parece gravitar con más ahínco en nuestro fuero interior. Es en la madrugada y antes del despertar, cuando esta frecuencia hace su presencia en el cerebro. Así lo realiza porque el organismo está programado para ello y es en ese lapso cuando muchas veces el cuerpo se desdobla y comienza a viajar en ese plano astral, llevándonos a estados oníricos que a veces logramos recordar ya despiertos, con una precisión impresionante sobre los detalles del entorno con el cual hemos soñado. Pero lo más interesante de esta ubicuidad inconsciente es que los humanos también tenemos la posibilidad de inducir premeditadamente en nuestro cerebro esta frecuencia para derivar de ella enormes beneficios, ya que en un estado alfa, cualquier mandato que el pensamiento decrete, implica una orden taxativa de ineludible cumplimiento para todas las células de nuestro cuerpo y también para nuestro sucesivo comportamiento. Es indiscutible que en los estados de relajación y de profunda meditación, así como en esos momentos de dicha suprema o de enorme satisfacción, nuestro cerebro comienza a vibrar en frecuencia alfa o en frecuencias muy próximas a ella. Cada vez los expertos en estos temas se reafirman con mayor fuerza en la convicción de otorgarle a la voluntad un rol crucial en el buen suceso de nuestra vida. Con base en ello han afirmado que si una persona enferma logra inducir una frecuencia alfa en su cerebro, y estando en ella le expide una orden de sanación a su cuerpo, casi en forma inmediata sus células comienzan a reaccionar a favor de esa recuperación. De hecho los sucesos con apariencia de fantásticos como la levitación o la práctica que realizan algunos personajes al caminar descalzos sobre brasas ardientes sin sufrir quemaduras, necesariamente están acompañados por frecuencias especiales como esta a la que nos estamos refiriendo. Ya dedicaremos un espacio en otra inserción, para hablar con más detalle sobre la forma como podemos inducir un estado de pensamiento alfa en nuestra vida a través de la meditación y la relajación. De momento podría pensarse que este es un tema muy novedoso, cuando en realidad forma parte de un conocimiento muy antiguo que apenas comenzamos a desentrañar y que acompañó seguramente a civilizaciones de la protohistoria, para quienes posiblemente el lenguaje hablado resultaba arcaico, pues ya habían logrado desarrollar un sistema telepático por gracia de una glandulita muy cercana a la hipófisis de la que hablábamos inicialmente y que ahora surge como la venerable glándula pineal, en la cual reposa el manejo de frecuencias impensadas y de posibilidades evolutivas por ahora imponderables. Nuestro mundo actual avanza hacia un momento cenital de enorme radiación estelar y con ello es casi seguro que nuestro ADN sufrirá modificaciones que nos aproximarán de manera irreversible hacia una nueva dimensión de la existencia. Posiblemente la terapéutica futura se apoyará más en los tratamientos realizados con frecuencias y colores, que en las convencionales formulaciones farmacológicas. Posiblemente los sistemas de diagnóstico también se tornarán más simplificados… tal vez bastará una gota de sangre, un cabello o una muestra de saliva para poder determinar la causa y la cura de todas nuestras dolencias. No obstante, la férrea voluntad siempre seguirá siendo nuestra mejor aliada en la búsqueda del bienestar.

Espero que nos sigamos encontrando aquí, en Vida Grata.

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia.

Ilustración: No se tiene referencia del autor.

Posteado por: vidagrata | 29 marzo, 2010

El imperio de la palabra.

 

EL IMPERIO DE LA PALABRA

Cada que tratamos de establecer una jerarquía en relación con todos los aspectos que acompañan nuestro comportamiento, con frecuencia no nos resulta fácil concederle a cada tema el rango adecuado dentro de ese amplio espectro de circunstancias que nos presenta la vida y por eso lo más razonable es recurrir al sentido común, como quiera que es una forma natural de interpretar esa realidad a la cual permanentemente nos vemos enfrentados. La voz interior que proviene de la conciencia y que nos llega a través de la intuición, ciertamente nos permite armonizar cada uno de nuestros pensamientos y nuestros actos, con el código de valores que hemos ido insertando en nuestra mente desde la infancia en el hogar y posteriormente en el aula académica. Definir un orden metódico de prioridades siempre ha sido una conveniente metodología para encauzar nuestro destino, toda vez que ello nos permite valorar y priorizar lo trascendente. ¿Pero cuál sería entonces el aspecto más importante que deberíamos considerar a la hora de evaluar nuestro comportamiento? Desde luego que cada persona sabrá ordenar los apremios que demanda su propia existencia y en esto no existe una regla axiomática que todos debemos seguir. Justamente por eso, el sentido común que gobierna el pensamiento de cada persona, así como su libre albedrío para materializar el estilo de su vida, dibujarán el derrotero por el que ineludiblemente será encaminado su destino. Con base en lo anterior parece oportuno indagar en la fuente de las Sagradas Escrituras, para conocer el componente cimero de la vida misma. En sus páginas podemos encontrar una cita en la que San Juan expresa lo siguiente: “En el principio existía la palabra y la palabra estaba con Dios, y la palabra era Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En la palabra estaba la vida y la vida era la luz de los hombres”. Si cotejamos esta cita con la realidad que impera en nuestro mundo actual, podemos deducir la vigencia que conservan estas afirmaciones del santo apóstol. Cuán importante es la palabra dulce con la que cada hombre pretende educar a su hijo, con la que cada empresario procura estimular a su empleado, con la que cada esposo pretende honrar a su consorte, con la que cada gobernante intenta convocar a su pueblo, con la que cada niño nos enseña de ternura, la palabra solidaria con la que cada hombre puede recuperar la estima del que sufre en la penuria. Si bien la palabra imperó al comienzo de los tiempos como fuente primera de la Creación, hoy conserva toda su actualidad como elemento actuante en esta convulsionada civilización. Es bien importante comprender el valor y la fuerza de un lenguaje amable, respetuoso y solidario, capaz de catapultar nuestro mundo hacia una era apacible de progreso y bienestar. Sin duda la palabra indulgente y fraterna es el arma más contundente para salvaguardar la paz y perpetuar la armonía entre los hombres. Quienes sólo conocen el improperio y la maledicencia para comunicarse con sus semejantes, pobre huella dejan tras su paso por este planeta. Un lenguaje sincero y afectuoso es el camino más corto para lograr una sana convivencia y una pujante evolución. Todos aquellos que gravitan en el manejo del Estado, deben saber que al hablar de manera franca y cordial, las posibilidades de atenuar los conflictos entre las naciones se aumentan sensiblemente, al tiempo que las buenas relaciones se hacen más perdurables. Necesitamos urgentemente devolverle al lenguaje amable el sitial que le corresponde, si queremos merecer y preservar el apelativo de seres racionales. La voz irascible y la palabra ponzoñosa son expresiones de una mentalidad primitiva que se funda en la barbarie. Mentirle a un hijo o confundirlo con palabras soeces, es el peor daño que se le pueda ocasionar a futuro, toda vez que con ello se le niega la posibilidad de convertirse en un pregonero de la verdad y el respeto. Nuestro pensamiento es una fuente inagotable de creatividad que se canaliza y expande a través de la palabra, pero cada palabra emitida conlleva una frecuencia que necesariamente afecta a las personas que nos escuchan y más directamente a quienes dirigimos cada vocablo. La palabra es una energía que se vuelve sonora a través de la voluntad y cada expresión que proferimos puede unir o disociar, atraer o repeler. El tono de nuestra voz comporta su propia fuerza y su particular efecto, y de ahí se desprende la responsabilidad que nos impone el uso y manejo del lenguaje, como quiera que este gravita en todos los aspectos y matices de la vida. Conviene entonces saber que la palabra amorosa cautiva y enamora, en tanto que la palabra estridente conturba, la irónica enardece, la palabra tierna conmueve, la sabia enaltece, la fraterna dignifica y la palabra humilde ciertamente ennoblece. Recientemente una gentil amiga me remitió una nota impregnada con sabios aforismos, en la que infortunadamente no se menciona el nombre de su autor, pero no obstante esa omisión, resulta bien pertinente al efecto de este tema que nos ocupa y buen preámbulo para estos días de santa reflexión:

“Ten mucho cuidado con tus pensamientos porque ellos se transforman en palabras… ten mucho cuidado con tus palabras porque ellas se transforman en acciones… ten mucho cuidado con tus acciones porque ellas se transforman en hábitos… ten mucho cuidado con tus hábitos porque ellos moldean tu carácter…y ten mucho cuidado con tu carácter porque de él dependerá tu destino”.
 

Con estas consideraciones queremos dejar latente la necesidad de convertirnos en moderadores de nuestro propio lenguaje, pues todo lo que expresamos impregna y afecta sin duda nuestro entorno y muy especialmente a las personas con las que podemos tener alguna interlocución. El trato honrado, jovial y fraterno, no solamente irradia regocijo en nuestros semejantes, sino que también deja al interior de nuestro ser un inefable sentimiento de satisfacción y plenitud, energías que  repercuten de manera  favorable en nuestra salud anímica y mental. Hablar en una frecuencia amorosa es el negocio más rentable para las arcas de nuestro bienestar y el de todas las personas con las que diariamente interactuamos.

Hasta una próxima oportunidad, en la cual trataremos otro temita de interés en este espacio siempre amable. Sin falta los espero aquí…en Vida Grata.

 

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia.

Ilustración: Nathan S. Moody.

Posteado por: vidagrata | 23 marzo, 2010

El encanto de la pirámide

 

EL ENCANTO DE LA PIRÁMIDE

Tal vez por encontrarnos inmersos en este mundo tan lleno de imágenes pasajeras y de sugestivas enseñas publicitarias, nuestra atención se mantiene ocupada y distraída en esa pasarela de cosas efímeras, por lo cual rara vez logramos abstraernos de lo cotidiano para analizar con toda calma algunos temas trascendentes, como por ejemplo lo relativo a esas huellas que dispersas a lo largo y ancho del planeta, nos hablan con sus vestigios de un pasado lleno de encanto y de sorpresas. Monumentos que han perdurado a través de los siglos, muchos de los cuales permanecen estáticos e incólumes, sugiriéndonos con su lenguaje mudo, la existencia de una protohistoria terrestre, en la que sin duda existió un nivel de conocimiento que rebasa el estado de nuestra ciencia contemporánea. Las pistas de Nazca con sus gigantescos ideogramas, el sacro complejo en las alturas de Machu Picchu, así como los imperturbables y orejones rostros de mentón alargado que tutelan la Isla de Pascua, son apenas una muestra de ese pasado grandioso que a través de sus pétreas imágenes nos habla de su magnificencia. Tal parece que apenas comenzamos a despertar de un profundo sueño que nos tuvo dormidos en la luenga noche de los siglos, del cual parece que comenzamos a divisar su amanecer con el advenimiento de una nueva etapa de ascenso en la comprensión del Universo. En medio de todos esos vestigios del pasado, surge imponente una obra magistral de geométrica conformación, en la que se encuentra condensada la inefable sabiduría de aquellos seres excepcionales y que los humanos de este tiempo apenas comenzamos a desentrañar. La imponente pirámide con su base cuadrada, eleva sus aristas hacia el cielo hasta juntarse en la cima de un conocimiento jamás imaginado. Tenemos pirámides diseminadas en distintas partes del planeta y aún no sabemos cuántas más se encuentran sumergidas en los mares y enterradas en las superficies continentales bajo el polvo sedimentado en el curso de los siglos. Algunas pirámides que exhiben en sus lisas facetas una apariencia elemental y otras que escalonadas invitan al ascenso, son parte de una cultura primigenia que nuestro breve ciclo vital difícilmente alcanza a comprender. Privilegiados por un valioso patrimonio arqueológico en el tema piramidal permanecen países como Egipto, México, Guatemala, Belice, Perú, China, India, Irán y Sudán entre otros. Grabados encontrados en las redondas y famosas piedras de Ica en el Perú, ilustran dibujos que se remontan a 60 millones de ños, en los cuales aparece nuestro planeta rodeado de pirámides, sin que hasta el momento tengamos una idea clara sobre la causa de su remota proliferación. Pero es el valle de Gizeh en el antiguo Egipto donde reposa el referente principal de estas enormes formas rupestres. La gran pirámide de Keops ha sido escogida por arqueólogos de distintas latitudes, para estudiar sus dimensiones y su conformación, así como los distintos efectos gravitacionales que se condensan al interior de su estructura. Sin menoscabo de los estudios que se han realizado y se siguen realizando en otras pirámides de menor envergadura como las que ostenta México en Teotihuacán y en Chichén Itzá, así como los complejos arqueológicos de Tikal en el norte de Guatemala, las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino con su imponente efigie tutelar, continúan siendo el centro didáctico de mayor significación en esta materia. Al interior de Keops duermen en sus muros unos cuadros grabados conocidos como los veintidós arcanos mayores, los que seguramente contienen un código sagrado y solemne bajo el cual los constructores de esas estructuras establecían las normas de conducta que debían regir su convivencia, aunque tampoco se descarta un ordenamiento alquímico con el cual orientaban su conocimiento. Algún investigador cuyo nombre se me escapa en este momento, decidió un buen día medir la altura de la pirámide de Keops y después de cotejarla con distintos factores numéricos, encontró que al multiplicar dicha altura por un factor de un millón, la cifra resultante coincidía con la distancia que separa la Tierra del sol. Es decir que la altura de Keops ahora se convertía en un registro diáfano del espacio que nos separa del astro rey. Conmovido y muy entusiasmado con este hallazgo, el investigador se dispuso a realizar otros cotejos y esta vez se ocupó en medir el perímetro de la circunferencia que se inscribe dentro de la base cuadrada de la pirámide. Una vez calculada su medida, afanoso le aplicó el mismo factor que usara anteriormente para medir la distancia de la Tierra al sol y parodiando a Arquímedes, este hombre debió gritar ¡¡¡Eureka!!! cuando pudo constatar que la nueva medida resultante se ajustaba con impresionante precisión a la longitud del eje polar de la Tierra. Así pues, quedó claro que en estos dos cotejos la pirámide nos informaba cuál era el tamaño de la Tierra y cuál era su localización dentro del sistema solar. Yo que soy tan malpensado, me imagino que el investigador debió quedar sumido en una especie de orgasmo arqueológico después de este descubrimiento, con el que sin duda se atizaba la llama de su curiosidad. Con el paso del tiempo y ante la enorme expectativa que había generado esta noticia, varios investigadores al ver el camino allanado, se fueron sumando a la tarea de realizar nuevas mediciones. Así lograron descubrir que la galería o escalera que une la Cámara del Rey con la Cámara de la Reina, estaba conformada por un número de peldaños igual a los 365 días que componen el año calendario. Posteriormente se ocuparon en calcular el área de la sombra que proyecta la pirámide en el desierto durante el recorrido que realiza el sol en el día y después de medirla y aplicarle mismo factor de las mediciones anteriores, el resultado no pudo ser más elocuente: ahora los investigadores se encontraban con una cifra que se ajustaba al área que abarca la Tierra en su periplo alrededor del sol durante un año. Todas esas coincidencias ya nos dibujan en forma ostensible el real significado de estos monumentos, y de cierta manera nos remonta el origen de sus artífices a instancias ajenas a nuestro planeta. Pero ahí no terminan los hallazgos, pues el conocido número “Pi” (3,1416 etc.), también se encontraba presente al interior de las aristas. Hoy sabemos que el combustible de la pirámide es su posición, toda vez que los planos triangulares siempre están orientados hacia cada uno de los cuatro puntos cardinales, circunstancia que le permite condensar su enorme fuerza gravitacional. Actualmente parece que hay un desfase aproximado de trece grados en la orientación de la gran pirámide, el cual presumiblemente no obedecen a un error en su construcción, sino al desplazamiento que ha tenido nuestro eje polar desde que la pirámide fue construida, característica que nos permite mesurar también la inclinación que ha sufrido nuestro planeta a lo largo de los siglos. De otra parte hemos podido conocer por gracia de algunos grabados existentes al interior de Keops, que los artífices de estas moles de piedra provenían de la brillante estrella gemela Sirio en la constelación del Can Mayor, la cual, por causa de recientes investigaciones, parece que ya no es una estrella gemela sino trilliza. Animado por todo este asunto, un día yo me dispuse a construir con palillos de madera, una pequeña réplica de diez centímetros de lado en su base, a la cual le adapté un mástil o soporte con un palillo vertical, dotado con un alfiler en la punta que se dirigía hacia arriba. En el vértice superior de la pirámide y por la parte interior, coloqué con pegante un pequeño accesorio metálico que tenía forma cónica, de tal manera que se pudiera suspender la pirámide sobre la punta del alfiler, evitando en lo posible la fricción para que pudiera girar libremente. Al terminar su construcción pude verificar que mi pequeña obra era una brújula perfecta, pues ella sola oscilaba hasta acomodarse con sus lados orientados hacia los cuatro puntos cardinales. Varias veces la impulsé de manera premeditada para hacerla rotar, pero siempre después de girar un buen rato, ella se iba deteniendo hasta alinearse perfectamente con el norte magnético. A partir de ese momento quedó designada como mi brújula de cabecera, aunque nunca imaginé que también yo resultaría siendo víctima de un orgasmo piramidal, ya que por esos días me puse a observar a mi pequeña mascota durante un eclipse de sol, en el cual el inquieto prisma no tuvo inconveniente en ponerse a girar como una loca desalmada, realizando frenéticos y lúdicos movimientos circulares y pendulares. Una vez que pasó el eclipse, ella recobró su aspecto apacible al tiempo que retomó su cardinal orientación, mientras que yo con la frente arrugada por la incertidumbre y el alma derretida por la fascinación, fui bajando la frecuencia de mi estelar excitación, hasta que pude comprender que también mi hermosa mascota era un reloj apto para medir la actividad geomagnética de este bello planeta que tan generosa y amablemente me hospeda. Ahora pienso que nuestro mundo actual con su pretendida tecnología de avanzada, apenas constituye un primitivo embrión que se aproxima temeroso y receloso a ese magno conocimiento de las energías sutiles.

Espero que volvamos a encontrarnos aquí, para que tratemos juntos de hacer la vida un poco más grata.

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia.

Ilustración: Philip Gardiner.

Posteado por: vidagrata | 15 marzo, 2010

El remanso de la buena voluntad.

 

EL REMANSO DE LA BUENA VOLUNTAD

Una de las costumbres que los seres humanos realmente deberíamos cultivar, en razón al cúmulo de beneficios que su ejercicio comporta, es la relacionada con el reconfortante hábito de la meditación. Infortunadamente parece que la generalidad de las personas no dispone de la voluntad necesaria para repasar y evaluar cada uno de los actos que acompañan su vida cotidiana. Es un hecho que nuestro mundo actual evoluciona jalonado más por sentimientos aciagos como la ansiedad, el temor y la incertidumbre, que por el deseo genuino de lograr una existencia gratificante y sosegada. La velocidad cada vez más creciente con la que se producen los cambios en todos los órdenes de nuestra convivencia humana, ciertamente se ha convertido en un óbito para alcanzar una vida apacible. Realmente avanzamos a la deriva en medio de muchos contratiempos y sin un sendero claro sobre el verdadero propósito de nuestra presencia en este planeta. La civilización occidental en la que nos encontramos inmersos, paulatinamente nos ha fijado unos paradigmas que atienden más al efímero placer todo lo que nos resulte confortable, en el cual el suceso crucial del enaltecimiento humano difícilmente puede trascender. El acrecentamiento material es la orden del día, con el cual se pretende satisfacer los halagos de una banalidad que riñe con el noble precepto del crecimiento interior. Permanecemos muy aferrados a todo lo inmediato y tangible, en tanto nuestro fuero interior nos habla reiteradamente de su insatisfacción, justamente porque la vida fue concebida para trabajar en el desarrollo de una conciencia superior y no para ser fincada en la veleidad de los efímeros antojos. Cuando vivimos únicamente para satisfacer los caprichos de nuestra pueril egolatría, muy difícil nos resultará aproximarnos a una vida realmente enaltecedora. Tal parece que sólo el paso de los años nos otorga la sensatez necesaria para comprender este hecho a cabalidad. No es raro ver en estos tiempos, a personajes muy acaudalados que bien podrían ser la reencarnación del sabio Nicodemo, quien al comprender la intrascendencia de su copiosa fortuna, generosamente decidió un buen día compartirla con los más menesterosos, en una verdadera alquimia que transmutaba su arraigada codicia, en la inefable dicha interior que siempre acompaña a la benevolencia. Con el paso de los años me he podido afianzar en la convicción de saber que los seres humanos hemos sido depositados en este querido planeta para cumplir dos misiones fundamentales: la primera de ellas nos demanda un trabajo honrado y perseverante en relación con ese crecimiento interior que se logra a través de la permanente identificación y consecuente erradicación de todos y cada uno de nuestros defectos, esos que se encuentran tan bien condensados en los siete pecados capitales, la ira, la codicia, la lujuria, la gula, el orgullo, la envidia y la pereza. Si no decantamos diariamente nuestras actitudes, pensamientos y comportamientos, seguramente permanecemos estáticos en un insalvable estado primitivo. Es la capacidad que tiene el hombre para evaluarse y corregirse a sí mismo, lo que nos da la posibilidad de ser realmente los amos de la Creación. En la medida que logremos domeñar cada uno de estos agregados o defectos, estaremos más cerca de alcanzar la venerable investidura de seres realmente libres y superiores. También en esa misma medida tendremos acceso a muchos dones especiales, los que desde luego no están disponibles para quienes poco se interesan en la depuración de su ser existencial. Nuestro ego persistente es un velo que no nos permite percibir la realidad y un lastre que nos impide volar hacia esas alturas dimensionales para las que el hombre fue concebido. En franca analogía con el inconformismo de Juan Salvador Gaviota, cada ser humano tiene la posibilidad de apartarse de esa manada que vive inmersa en el conformismo, para remontar las alturas y enfrentar los riesgos que conlleva el aprendizaje, de tal manera que una vez conocida la gloria de la sabiduría, pueda descender nuevamente para transmitirle toda su experiencia y conocimiento a esa manada que lo vio partir con tanta audacia y resolución. Brindar incondicionalmente nuestra ayuda y todo lo que hemos aprendido, es la mejor manera de materializar el amor que Dios ha decretado a sus criaturas. De lo anterior se desprende que justamente el segundo motivo por el cual hemos venido a este planeta, no es otro que el de volcar y encauzar todas nuestras energías hacia la noble labor de ayudar a nuestros semejantes. Para lograrlo sólo requerimos de una inquebrantable buena voluntad y es ahí donde radica la verdadera libertad de nuestro ser… es ahí entonces cuando realmente logramos cumplir nuestro propósito cimero en esta vida, haciéndonos con ello sin duda acreedores a la benévola sonrisa del Supremo. La ayuda que podemos brindar a nuestros semejantes no comporta solamente un problema de satisfacción personal y de generosidad humana, sino que también se extiende al anhelo de una mancomunada supervivencia. De hecho la sumatoria de actos humanitarios catapulta nuestra especie hacia rumbos de progreso y bienestar, en tanto que las manifestaciones de odio y violenta confrontación sólo generan tristeza y desolación. Por eso a los seres racionales se nos impone la impostergable necesidad de practicar en forma disciplinada el ejercicio de la meditación, pues sólo así evitaremos actuar en forma instintiva e irracional. Sólo necesitamos dedicar unos breves minutos cada día, para abstraernos de lo cotidiano y sumergirnos en lo que realmente resulta crucial para nuestro desarrollo interior, toda vez que somos seres facultados para alcanzar y disfrutar las mieles de la sabiduría universal. Resulta deprimente y degradante por decir lo menos, vernos y sentirnos insertados en un mundo polarizado por el odio, la beligerancia, la inequidad y toda suerte de circunstancias adversas, tal vez porque el hombre en medio de su ceguera espiritual, no logra comprender que esta vida terrena es apenas un breve peldaño en el largo derrotero que debemos cursar para aproximarnos al Creador. Lo que hicimos ayer, ciertamente afecta nuestro ánimo y nuestra suerte en el día de hoy, y lo que hagamos hoy, será el fundamento de nuestra dicha o nuestra tristeza en el día de mañana. Así mismo y en la óptica de una mayor dimensión en el tiempo, lo que hagamos en el curso de esta vida, invariablemente determinará la suerte que enfrentaremos allá en esa cuarta dimensión, cuando el cuerpo ya cansado, deje en libertad el alma para que ella vuele apacible hacia el prometido remanso de la eternidad.

Infinitas gracias les doy por su paciente y amable atención…aquí nos volvemos a encontrar para tratar otros temitas que mucho inquietan mi inagotable curiosidad.

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia.

Ilustración: No se tiene referencia del autor.

 

Posteado por: vidagrata | 8 marzo, 2010

El arte de la contemplación (Segunda parte).

 

EL ARTE DE LA CONTEMPLACIÓN

(Segunda parte).

 

Ya nos habíamos referido en nuestra inserción anterior, aunque en una forma anecdótica, sobre la importancia de adoptar una actitud contemplativa en los distintos eventos de nuestra vida, justamente porque cada imagen que observamos con detenimiento, con frecuencia parece que nos invita a penetrar en su íntima naturaleza. A partir de la contemplación es posible desentrañar ese conocimiento que difícilmente alcanza a percibir nuestra mente distraída. A más de eso, siempre hemos creído que la contemplación es un estado que nos permite degustar la verdadera esencia de la vida, pues las personas que acostumbran vivir en ese afán permanente que sólo conoce el angustiante apremio del tiempo, difícilmente logran disfrutar de su existencia y sí con mucha frecuencia se convierten en presa fácil de una morbosa ansiedad y toda suerte de estados depresivos adversos. Así pues, el ejercicio de la contemplación resulta de invaluable ayuda para comprender mejor nuestro rol en esta vida terrena, al tiempo que nos abre una ventana muy propicia para percibir esa inefable belleza que subsiste en forma soterrada. Quienes protegemos nuestra vida de la duda con el sacro manto de la fe, fácil nos resulta comprender la trascendencia de la Deidad como imagen cimera en esa necesidad contemplativa que nos demanda nuestro fuero interno. Infortunadamente no podemos observar físicamente a nuestro Creador y eso nos obliga a contemplarlo con ese ojo intuitivo que habita en lo más recóndito de nuestro corazón. Sin duda alguna esa es la primera imagen que debemos contemplar, pero a ella sólo podemos llegar con ese pálpito interior que sólo puede ver a través del sentimiento. A partir de esa imagen tan gráficamente imperceptible pero tan emotivamente diáfana, desfilan por el insondable universo y por el entorno terreno, millones de formas que podemos contemplar ahora sí con nuestros propios ojos. Somos parte de un sistema planetario que vive en constante evolución y que avanza con estricta sujeción a esa armonía tan propia de lo celeste. Rutilantes estrellas girando en torno de su núcleo vital, conforman sistemas planetarios que se reproducen y multiplican en forma de galaxias y estas a su vez integrándose en dimensiones cada vez mayores y ciertamente imponderables para nuestra diminuta compresión. Pero aquí permanecemos dispuestos a contemplar lo que nuestro órgano visual nos permite alcanzar. Estamos presentes y formamos parte de un sistema solar, en el que danzamos de una manera sincrónica con nuestros planetas hermanos, siempre venerando al majestuoso sol que tanto nos alienta con su bondadoso rayo benefactor. Recibir el influjo solar es permitirle a las células nutrirse con la savia universal. Gracias a esa magna estrella que comanda nuestro sistema, la energía lumínica se desplaza por la noche espacial hasta llegar a nuestro planeta, para transmutarse en materia viva, en elemento físico y químico actuante y mesurable, justamente a través de la bendita y discreta fotosíntesis. Este hermoso planeta Tierra, gira y se desplaza en el espacio sideral, por gracia de esa emanación lumínica que proviene de nuestro sol, quien a su vez actúa como emisario de una radiante energía que le remiten otros soles de mayor trayectoria en el universo. Por todo eso nuestro sol es el primer objeto de contemplación que disponemos los seres humanos y todas las criaturas vivientes como los heterogéneos vertebrados, los diminutos insectos que vitalizan los follajes, las aves que tanto ornan los cielos y los árboles, los peces que ondulan el agua y conviven con las algas, y hasta las mismas diminutas bacterias que tan diligentemente transforman la naturaleza. Todas estas criaturas y también nosotros, quienes a veces no honramos la condición de seres racionales, sin duda somos beneficiarios muy privilegiados del mensaje fotónico que tan generosamente nos remite el astro rey. Nuestro sol es una radiante estrella que en su constante actividad, nos habla desde una distancia enorme para nuestra comprensión y milimétrica para las profundidades del espacio. Situado a poco más de 142 millones de kilómetros, la fuerza de sus fotones llega como una paloma mensajera hasta las entrañas de nuestras células y el micrométrico núcleo de nuestros átomos. El sol abraza todo cuanto existe en el amplio entorno que alcanza a cubrir su rayo esplendente. Él ha sido creado y asignado por la Deidad para manejar las riendas de nuestro sistema planetario, en un mandato que le fue otorgado hace cinco millones de años cuando fue creado, y para ello ha sido dotado con una energía que difícilmente podemos asimilar. Convirtiendo el hidrógeno en helio, el sol alcanza en su superficie una temperatura que ha sido estimada en 5.780 grados Kelvin, equivalentes a 10.400 grados Fahrenheit, los cuales representan apenas una débil muestra de los 15 millones de grados Kelvin, equivalentes a 27 millones de grados Fahrenheit, que el sol produce en la intimidad de su núcleo. Lógicamente una energía de esta magnitud resulta más que suficiente para animar todo nuestro sistema solar, gracias al esmerado trabajo que realizan esos incansables viajeros espaciales conocidos como los fotones y los neutrinos.

Pero a estas alturas mis queridos lectores seguramente se estarán preguntando…¿qué relación tiene todo esto con el tema de la contemplación?. Pues la verdad es que la pertinencia es total porque el sol es el vehículo que la naturaleza ha dispuesto para elevar nuestra conciencia y conocer el universo. Siempre hemos creído que la exposición a los rayos solares es peligrosa para la salud y esto no es del todo cierto, si comprendemos la manera adecuada para aproximarnos a esta estrella prodigiosa. Existe una franja horaria en la que podemos mirar el sol cara a cara sin ningún peligro para nuestra piel, ni para nuestros órganos visuales. Diríamos mejor que son dos franjas horarias, en la mañana cuando el sol asoma en el horizonte y en el ocaso cuando lentamente se oculta para darle paso a la noche. Una hora después del amanecer y una hora antes del anochecer son los espacios de tiempo permitidos. Prueba fehaciente de ello es la práctica de lo que ha sido denominado el “Sun Gazing” o “Sungazing”, una acepción inglesa que podríamos pronunciar algo así como “sangeizing”, la cual se refiere a una disciplina oriental destinada a la ciencia de la contemplación solar, en una forma totalmente segura y con increíbles beneficios para nuestra salud física, mental y espiritual. En el curso de esas dos franjas los rayos ultravioleta son inocuos y de muy baja intensidad, lo cual nos permite recibir la energía solar como todo un extracto de vitalidad. Lógicamente quienes practican este arte requieren una estricta disciplina, pero que no por estricta resulta complicada. Todo lo contrario. Se trata de contemplar el sol en una de las dos franjas permitidas, con los pies descalzos y en contacto con la tierra o con la arena. El tiempo de exposición o contemplación va creciendo paulatinamente, de tal manera que el primer día sólo se debe observar el sol durante diez segundos y cada día se agregan otros diez segundos, es decir, el segundo día veinte segundos, el tercero treinta y así sucesivamente. No se trata de focalizar la vista hacia un punto particular del sol, sino que debemos observarlo naturalmente en todo su entorno. Para ello nos situamos de pie, con el cuerpo relajado y la mente proclive a recibir toda la benefactora energía del astro rey. A los tres meses de practicar este ejercicio, el tiempo de contemplación alcanza los quince minutos diarios y en ese momento todos los problemas de tensión mental habrán desaparecido. A los seis meses el tiempo de contemplación ya alcanza los 30 minutos diarios, momento en el cual el cuerpo se habrá liberado de todos sus males, dolencias y enfermedades. Si ese era el propósito, se puede concluir ahí el ejercicio y buen dividendo se habrá obtenido al recuperar y potenciar la salud física y mental. No obstante, si se quiere seguir avanzando, habrá de continuarse la práctica diaria, de tal manera que a los nueve meses el tiempo de contemplación diaria se aproxima a los cuarenta y cuatro o cuarenta y cinco minutos y ese es el límite máximo que no podemos exceder. En ese momento la sensación de hambre va desapareciendo y quienes con disciplina logran alcanzar este nivel, pueden seguir el resto de su vida sin necesidad de ingerir alimentos y sólo bebiendo agua. Así su cuerpo, su mente y su espíritu tendrán una salud, un bienestar y una felicidad inenarrables, porque toda la energía que antes era requerida para el proceso digestivo, ahora se orienta a vitalizar y nutrir las células en forma directa con el sol. Simplemente el proceso de fotosíntesis que el sol realiza en las plantas para convertir la energía en nutrientes, ahora es realizado directamente en el cuerpo como si este fuera una planta más del reino vegetal…son los fotones con toda su energía lumínica quienes ahora penetran el cuerpo para nutrirlo. Justamente eso es lo que hacen las plantas…contemplar el sol todo el día, con la diferencia que a ellas sí les está permitido vulnerar la franja, porque poseen fitonutrientes o fitoquímicos, especialmente aquellos conocidos como flavonoides, los cuales las protegen de los rayos ultravioleta. Este es sin duda un tema muy difícil de asimilar, pero muy veraz a la hora de entenderlo y practicarlo. Por el momento yo no pienso renunciar a la sopita, pero ciertamente me apasiona la idea de poder vivir frente al mar o en un lugar donde se divise el horizonte, para poder disfrutar con agrado y en forma reiterada, la reconfortante caricia del sol.

Para quienes deseen profundizar en este tema, aquí les dejo tres enlaces bien interesantes. El primero es un video en el que Hira Ratan Manek, máximo exponente y pregonero del Sungazing, nos habla de su experiencia. El segundo enlace es un artículo muy documentado sobre esta ciencia y el tercer enlace es un foro en el que se pueden leer y evaluar las experiencias obtenidas por distintos practicantes de esta portentosa disciplina.

http://www.youtube.com/watch?v=307QRaTVrcU

http://www.falconblanco.com/fbspain/sungazing/manekji.htm

http://sungazers.foroactivo.net/testimonios-segundo-trimestre-hasta-30-minutos-f7/30-minutos-de-sungazing-t277.htm

Un abrazo muy cálido para todos ustedes, en tanto nos volvemos a encontrar justamente aquí, en Vida Grata.

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia

Ilustración: No se tiene referencia del autor.

Posteado por: vidagrata | 2 marzo, 2010

El arte de la contemplación (Primera parte).

 

 EL ARTE DE LA CONTEMPLACIÓN

(Primera parte)

Gracias a ese temperamento desprevenido que me ha acompañado desde la infancia, con mucha frecuencia acostumbro detenerme para observar las distintas imágenes que desfilan ante mis ojos en esta sugestiva pasarela de la vida. Realmente creo que por causa de esa actitud contemplativa, con mucha frecuencia me quedo aletargado mirando cualquier imagen cotidiana a la que nadie le concedería importancia, pero que no obstante su simplicidad y aparente inutilidad, sin duda me permite sumergirme en un mar de reflexiones y consideraciones que al final de cuentas suelen resultar muy divertidas. Un buen ejemplo de ello lo constituye la experiencia que pude vivir en la tarde de hoy, cuando quise desplazarme al supermercado para cumplirle una promesa a mi apetito, toda vez que me venía mortificando el obsesivo anhelo de saborear con todo el agrado unas apetitosas ciruelas pasas, pues últimamente estas arrugadas y morenas frutillas se han convertido en mi golosina principal, después de enterarme sobre su prodigiosa capacidad para humillar y ahuyentar a las inoportunas toxinas que constantemente asedian y profanan el templo corporal. Una vez inmerso en esa enorme bodega atestada en sus estantes con cajitas, frasquitos, bolsitas, enlatados y toda suerte de cachivaches, me dirigí al lugar donde las ciruelas pasas me esperaban impacientes y después de verlas brincar de la felicidad dentro del paquete, me aprovisioné de dos bolsas para complacer sin economía mi capricho. Una vez cumplido este objetivo, recordé que mi apartamento no disponía del espacio suficiente para tener una vaca, por lo cual me fui en busca de una bolsa de leche, la que después de tener en mis manos, pude leer en su envoltura que en la pasteurizadora le habían ordeñado el dulce para conferirle la especial investidura de leche deslactosada. No obstante que yo fui destetado hace muchos años, la lechita siempre me hace mucha falta para preparar la cocoa del desayuno, a la que siempre le agrego un poquito de semilla de linaza molida, con la cual le doy licencia al Omega 3, para que pueda barrer con toda confianza el colesterol de mis arterias, pues parece que es la mejor manera de proteger el sistema cardioafectivo de un eventual paro laboral en su actividad propulsora de la sangre. Así pues, con las morenitas ciruelas y la blanca leche depositadas en la canastilla, me dirigí al cadalso en el que la cajera me aguardaba para guillotinarme el bolsillo. El camino de regreso a casa siempre me ha resultado muy agradable, toda vez que debo recorrerlo a través de un parque muy concurrido por árboles frondosos, en su mayoría vetustos y gigantes, en medio de los cuales un sendero recto con miles de adoquines parece conducirme a la vida eterna. A cada lado del sendero unas sillas tapizadas por la intemperie, albergan a personas de la más heterogénea condición gesticular. De momento veo a una pareja de ancianos con las arrugas bien peinadas y desgranando en su camándula de recuerdos la cuenta de sus años, al tiempo que un centenar de palomas recibían de su mano los granitos con los que se nutre la resignación. Más adelante y de una manera bien protocolaria, un perrito de fina estirpe canina se aproximó a un árbol para levantar sin mucha dificultad su patita trasera, permitiéndole a su sistema urinario ejercer con la mayor solemnidad su ritual depurativo. Sigo caminando y observo un grupo nutrido de mozalbetes libidinosos que departían en abierta francachela y grotesca carcajada, uno de los cuales exhibía una densa dentadura apenas comparable con la persiana de un Chevrolet 54. Nuevas imágenes se siguen sumando en mi trayecto a casa, entre las cuales también llamó mi atención, una pareja de jóvenes y melosos enamorados, caminando aletargados mientras se abrazaban en una forma bien tentacular. Al pasar por su lado, los párpados caídos del pretendiente no ocultaban su talante seductor, en tanto que las mejillas ruborizadas de la princesa resultaban bien condescendientes. En eso fui llegando al edificio que alberga mi querida madriguera y después de rebasar la puerta que la protege del mundo exterior, descargué los paquetes en la cocina y me dirigí luego a la sala para derrumbarme en un sillón mientras saboreaba con toda devoción un par de ciruelas, en tanto que mi cerebro se regocijaba pensando en ese cúmulo de imágenes que habían transcurrido por mi vida y fue entonces cuando pude liberar un profundo suspiro mientras pensaba con clara certidumbre… cuán maravilloso, estimulante y bonito es el arte de contemplar. En realidad son tantas las ocasiones en las he podido observar detenidamente imágenes de tan heterogénea condición… he contemplado la naturaleza en todas sus manifestaciones y también he levantado mis ojos en esas noches de luna esplendente para vislumbrar la magnificencia del Universo. He contemplado con interés supremo el vuelo magistral de las aves, el contoneo de los peces, la convivencia de los insectos y de tantos animales que buscan a diario su sustento. He contemplado las plantas que en su maravillosa diversidad, se desarrollan en ese culto por el equilibrio natural. En verdad todo lo contemplo porque soy un eterno enamorado de este planeta que nos fue entregado para su custodia y preservación, justamente por el artífice de todo lo creado. Contemplar es degustar la savia de la vida para que germine el sentimiento… es detener el tiempo para comprender la verdadera esencia de las cosas… es utilizar los ojos para nutrir el alma con el elíxir del color y de la forma. Pero bien lejos estaba yo de imaginar mi proximidad a una de las más excitantes y arrobadoras imágenes, a la que mucha gente, por no decir todo el mundo, con tanta frecuencia teme contemplar. De esto les hablaré en la próxima entrega… no se la pierdan… aquí nos vemos de nuevo.

 

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia.

Ilustración: Chris Wallace.

Posteado por: vidagrata | 21 febrero, 2010

Hacia una cultura alimenticia.

 

HACIA UNA CULTURA ALIMENTICIA

 Como ya lo habíamos definido en el contenido inicial, el propósito que anima el desarrollo de esta bitácora, no es otro que el de incursionar en todos aquellos temas que a nuestro criterio, pudieran constituirse en un aporte para la consecución de una vida de mayor calidad, una vida realmente grata en todo el sentido de lo que esta palabra comporta y que de todos modos está relacionada con esos tres pilares esenciales como son, la salud de nuestro cuerpo, la serenidad de nuestra mente y la plenitud de ese componente interior, al que normalmente llamamos alma y que tanto dimensiona la vida dentro de ese insondable contexto universal. Aunque no existe una jerarquía que pudiéramos considerar adecuada en cuanto a la prioridad en el tratamiento de estos temas, por una razón de sentido común, creemos que la mente y el alma poco podrían avanzar, en tanto el cuerpo no se encuentre en alguna medida depurado y libre de los frecuentes y reiterados hábitos erráticos que acompañan nuestro sistema alimenticio, pues en honor a la verdad, orgánicamente somos el producto y resultado de lo que comemos, así como de la forma en que lo hacemos. Nuestra cultura convencional ha concebido una educación en la que se otorga toda prioridad a las disciplinas académicas, cuando en realidad, el hombre en su proceso de formación, una vez que ha adquirido en su infancia los elementos básicos que le permiten expresarse y encauzar su aprendizaje, bien debería indagar ante todo sobre la conformación y comportamiento de su organismo, así como sobre la forma de gobernarlo a través de la voluntad y el conocimiento. Infortunadamente la juventud es muy proclive a la insensatez y la falta de previsión, cuando realmente debería esmerarse por sembrar en el cuerpo la fortaleza y las reservas vitales que le permitan cosechar un estado saludable en la edad adulta y también en la senectud. Es muy triste ver a tantas personas que atravesando apenas por una edad meridiana en su ciclo existencial, permanecen agobiados constantemente por severos trastornos en su salud, sin duda derivados de un comportamiento nutricional en el que siempre prevalecieron el desorden y los excesos, así como por la ausencia de información acerca de las infinitas bondades que nos proporcionan los alimentos que tan generosamente nos prodiga la naturaleza. Muy dramático resulta por decir lo menos, ver a tantos niños famélicos que no tuvieron la oportunidad de consolidar su organismo a través de una alimentación adecuada, pero también y en abierto contraste, no menos dramático es el cuadro que nos presentan otros niños alimentados con una dieta exuberante y que apenas comenzando su vida, ya enfrentan trastornos como la obesidad y la terrible diabetes. Si en la juventud no se afianza una cultura alimentaria y un conocimiento sobre la conformación y comportamiento de nuestro organismo, muy difícil será conocer la plenitud en la vida adulta y menos aún en los años dorados. Desde muy temprano comenzamos a acumular grasas saturadas y toda suerte de toxinas en nuestro cuerpo, iniciando una lamentable carrera hacia la atrofia del sistema circulatorio, del aparato digestivo, de la estructura ósea, del sistema nervioso y en general de todo el sistema endocrino que gobierna las secreciones al interior de nuestro cuerpo. Los análisis practicados a muchas personas después de fallecidas, tristemente permiten ver cómo el 90% de ellas llegaron al ocaso de su vida con el sistema cardiovascular bastante atrofiado, como consecuencia de una a dieta impregnada de radicales libres y toda suerte de agentes nocivos. El consumo permanente de esas grasas saturadas que no se disuelven con la temperatura del organismo y que tampoco fueron eliminadas a través del sistema digestivo, por efecto de una deficiente o casi inexistente ingestión de fibra natural, con el tiempo esos lípidos lograron permear el intestino para situarse en la pared interior de las arterias, así como en el torrente sanguíneo, pero convertidos entonces en peligrosos ácidos grasos que ostentan el preocupante nombre de triglicéridos, los que en una forma persistente van atrofiando a través del sistema circulatorio, todos los órganos que visitan en su funesto recorrido. Ciertamente tendremos la oportunidad en próximas inserciones para profundizar y apreciar más de cerca todo ese proceso devastador que las grasas saturadas ejercen al interior de nuestro cuerpo, especialmente cuando no poseemos una actitud selectiva y ordenada en el consumo de los alimentos. Por supuesto también hablaremos de otros agentes no menos perversos como el azúcar refinado y de otros tantos excipientes, colorantes y aditivos artificiales con los que la afanosa industria alimenticia decora y condimenta sus productos, abrigándolos en sugestivos empaques publicitarios. Todos los días uno observa con mucha perplejidad, cómo las personas ingieren alimentos nocivos para su salud y aunque muchas veces lo hacen por falta de conocimiento, peor aún resultan quienes estando concientes del efecto perjudicial, pasan por alto el peligro y sucumben ante el deleite que les proporciona un sabor agradable. Ellos nunca distinguen lo sabroso de lo saludable y así sus yerros alimenticios se convierten en una actitud permanente. Resaltamos entonces aquí la urgente necesidad de adquirir y adoptar una cultura alimentaria saludable, amante de los alimentos solares que germinan en la huerta y de los frutos que decoran los árboles, pues ahí permanecen ellos muy dispuestos a brindarnos la energía y la vitalidad que requiere nuestro cuerpo, a través de las benefactoras vitaminas, los restauradores minerales, las edificantes proteínas, las colaboradoras enzimas, los depurativos fitonutrientes y los diligentes neurotransmisores, todos ellos trabajando en forma mancomunada y coordinada para favorecer nuestra salud. Es a través de una sana alimentación como podemos generar un entorno alcalino en nuestro sistema digestivo, en el cual los gérmenes patógenos no encuentran un ambiente agradable para vivir, en tanto que los entornos ácidos que se derivan de los alimentos insanos, ciertamente constituyen el mejor albergue y caldo de cultivo para toda clase de infecciones y procesos degenerativos. Más adelante buscaremos el espacio para referirnos a tres aspectos cruciales relativos al manejo del colesterol. El primero de ellos orientado hacia la urgente necesidad de reemplazar las grasas nocivas por grasas saludables en nuestra rutina alimenticia. El segundo aspecto se refiere a la importancia de frenar o detener el proceso de formación del colesterol en el aparato intestinal, a través de una generosa y regular ingestión de fibra natural, con la cual resulte posible evacuar de nuestro organismo los excedentes alimenticios que el cuerpo ya no necesita y que normalmente comienzan a presentar un estado de fermentación y putrefacción. El tercero tiene que ver con una manera muy inocua y natural, con la cual podemos limpiar el colesterol de las arterias, a través del prodigioso jugo de mora. Hoy podemos afirmar con toda certeza que la salud comienza por la sangre, pues ella constituye el vehículo que transporta el oxígeno y los nutrientes a todas las células de nuestro cuerpo, después de aprovisionarse de ellos en el hígado y por eso, una sangre en buen estado es garantía de un cuerpo saludable, en tanto que una sangre contaminada y turbia, es el mejor medio para promover la enfermedad. No debemos olvidar que el colesterol malo o LDL, es el peor enemigo de la sangre y por ende de todo el organismo. El exceso de grasas y toxinas en el sistema circulatorio, gradualmente va reduciendo el diámetro de las arterias, al tiempo que torna la sangre espesa y propensa a la formación de coágulos y trombos. Esa saturación también va menguando la elasticidad a las arterias, en tanto inhibe al torrente sanguíneo para impregnarse del oxígeno reparador. Por eso cuando hablamos del colesterol, bien importante resulta conocer sus causas, su comportamiento y sus nocivos efectos, así como la adecuada manera natural para erradicarlo de nuestro cuerpo.

Siempre será la inextinguible llama de nuestra voluntad y el enorme privilegio de nuestro conocimiento, quienes decidan cuándo acoger o rechazar cada uno de los alimentos que la vida nos ofrece.

Hasta una próxima oportunidad,

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia.

Ilustración: Photobucket.com

Posteado por: vidagrata | 14 febrero, 2010

Una vida grata.

 

UNA VIDA GRATA

Gracias a la gentil oportunidad que me brinda WordPress.com, a partir de hoy puedo disponer de un espacio muy gratificante, en el que sin duda me propongo insertar paulatinamente algunos temas esmerados y respetuosos, para compartirlos con mis amables lectores, siempre con el ferviente anhelo de aportar algunos conceptos que puedan tal vez contribuir al logro de ese bienestar que tanto deseamos. Todo aquello que realmente nos ayude a obtener y disfrutar una vida más grata y enaltecedora, ciertamente será objeto de nuestra curiosidad investigativa. Este mundo contemporáneo que evoluciona en su irrefrenable globalización, cada vez nos aproxima con mayor intensidad al abismo de una vida marcada por el desespero , la incertidumbre, la ansiedad y toda suerte de estados anímicos adversos, que a la postre van a convertirse en una simiente de malestar. El hombre parece estar cada vez más lejano de todas esas potencialidades que le fueron legadas desde su creación y con ello ha perdido la serenidad y la reflexión necesarias para reencontrarse con su verdadero ser esencial. Todos poseemos el material genético y la voluntad necesaria para convertirnos en seres superiores, pero esas facultades se encuentran adormecidas e inutilizadas por efecto de la celeridad con la que trascurre nuestra vida, por esa ansiedad que sólo mira el futuro sin permitirnos disfrutar el momento presente. El afán con el que cotidianamente luchamos para lograr una digna manutención es por sí mismo un atenuante que nos impide cultivar nuestro tesoro interior. Nos hemos convertido en presa de los apremios y rigores que impone la vida moderna y esto realmente no nos permite disfrutar una convivencia sosegada. Tal vez por eso nos hemos impuesto el firme propósito de ir abordando distintos temas relacionados con la salud en un sentido integral, de tal manera que involucre no sólo los aspectos preventivos, curativos y nutricionales que demanda nuestro cuerpo, sino también aquellos tópicos que en definitiva nos van a permitir alcanzar un estado apacible en nuestra salud mental, así como en ese venero espiritual que sin imposturas ni dogmatismos, tanto contribuye para que podamos encauzar nuestra vida por un sendero esperanzador. Pensamos que estos tres aspectos concurren con igual intensidad, para el logro de una existencia realmente grata como la que nos proponemos alcanzar en el trayecto y suceso de esta naciente bitácora. Seguramente habremos de insertar algunos componentes anecdóticos o jocosos con el ánimo de evitar la monotonía, pero siempre conservando nuestro propósito central de compartir todo aquello que contribuya a una vida de mayor calidad y de perdurable bienestar, ese bienestar que no sólo reposa en nuestra solvencia material, sino también y muy especialmente en nuestra salud corporal y nuestra plenitud interior. Eso es lo que nos proponemos desarrollar en esta sencilla pero emotiva tribuna, a la que hemos querido denominar Vida Grata, la cual esperamos encuentre algún pequeño albergue en la intimidad de sus generosos corazones.

Reciban mi saludo fraternal,

 

Mauricio Bernal Restrepo.

Bogotá, Colombia.

Fotografía: B. Monginoux.

Posteado por: vidagrata | 24 enero, 2010

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